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¿La yuta se hackea?

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Hoy, mientras tomaba unos amargos con yuyos, divagaba por los posteos de Facebook me preguntaba si la yuta se hackea. Cuando quiero perderme de este mundo que hace años me agobia, me sumerjo en esos comentarios sin sentido de las redes y me cuelgo con ironías y memes, también por supuesto me enojo, y desmadro a alguna posteadora, siguiendo el juego de la nada al que nos invitan las redes todos los días. Pero hoy me crucé con un posteo de la periodista Mariano Pacheco.

La paja antiyutista

“El antiyutismo militante está bien, sobre todo para quienes venimos o reivindicamos tradiciones vinculadas al punk o ciertas izquierdas libertarias (“Nunca seré policía, de Provincia ni de capital”).

Está claro, pero consignas así sólo expresan una opción ético-existencial, no modifican nada de la realidad de una fuerza, como la Bonaerense, que cuenta con 90.000 efectivas dispersas por todo el territorio de la provincia en la que habita casi la mitad del país (39%). Que en casi cuatro décadas transcurridas desde la retirada de los militares a los cuarteles, los sectores que promovemos cambios profundos de la sociedad sólo tengamos denunciaismo antirepresivo para ofrecer cada vez que pasa algo (es decir, siempre detrás de los hechos), sólo muestra la orfandad estratégica en la que nos encontramos.

Mientras tanto, tutu ben, sigamos agitando el antiyutismo feisbukero, pero sepamos que es algo entre Nos, para quedarnos tranquilas de que estamos diciendo cosas que nos gustan, le gustan a nuestras amigas, pero no mucho más. Allí afuera siguen las 90.000 efectivas patrullando, las “vecinas alertas” reclamando mano dura y los microfascismos extendiéndose como un virus del que muchas veces parece que no nos queremos enterar que existe.”

En mi militancia de izquierdas, ya más melancolía que pateadura y discusión callejera, muchas veces discutí el tema de no vivir puteando un brazo represivo, que incluso los países socialistas han mantenido, sino tener un programa que nos ubique con una propuesta, para que ese brazo represivo, se transforme en un brazo contensivo y previsor. Pero para eso necesitamos entender dónde estamos paradas.

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Primero, todas las problemáticas humanas dentro del capitalismo se resuelven con dinero, ya sea como resultado de la cotización de la mano de obra industrial, o como en este caso para mantener leales y hasta cierto punto calmadas y obedientes a las policías.

Segundo, la sublevación de la policía bonaerense sentó un precedente peligroso, que ya se repetía en Río Negro y puede repetirse en otras provincias. ¿Éste fue un reclamo salarial? Sí, claro que sólo fue eso, pero por un grupo que concentra una importante capacidad de fuego, y estructura para avanzar sobre el sistema democrático.


En esta bravuconada policial quedó clara la consigna de Rodolfo Walsh: “El sistema no castiga a sus mujeres: las premia. No encarcela a sus verdugas: las mantiene.”

En la sublevación de policía de la provincia de Buenos Aires vimos la semana santa de Alberto Fernández, y su discurso fue su “La casa está en orden”, con todo el arco político rodeándola para dar una sensación de fuerza ficticia. La organización policial ha demostrado que ellas son un poder real, un poder que las poderosas y las políticas menosprecian. Creen que basta un silbido para que las perras se calmen, pero eso dista mucho de la realidad, el poder real de las sicarias reside en las armas que llevan en su cintura, la de la policía también. Aparte saben que cuando todo termine, la nueva ama seguirá necesitandolas.

Una propuesta

Mientras la seguridad ciudadana resida en ejércitos de mercenarias armadas, con una educación deficiente y una formación sin más objetivo que la fuerza de la cantidad, estamos todas y cada una en peligro. Nosotras y nuestras hijas, somos posibles víctimas. Cada vez que enfrentamos a una policía, yuta, rati, cada segundo allí puede ser el último.

Lo que sucedió esta semana fue un ensayo, donde las cabecillas de la sublevación probaron que pueden, las ideologas que impulsaron todo desde las sombras comprobaron que es posible y las políticas gobernantes confirmaron que su poder es apenas el aliento del pueblo movilizado, sin pueblo solo les queda ceder a las sicarias y a sus ideologas, que sus discursos son solo lamento.

Como ya hemos dicho nuestra democracia fue hackeada y el pueblo no ha podido recuperarla, más allá de lo formal. Votamos y pagamos impuestos, pero nuestra vida pertenece a los bancos y a estas personas que poseen el monopolio de nuestras armas.

Queda claro que el gobierno no ha podido recurrir a otro brazo represor, que discipline y ponga a las uniformadas en una posición de fuerza más pareja con el poder político.

Estamos en medio de una lucha armada, pero no están luchando sectores populares contra un estado represor, la guerra es entre facciones de millonarias. Una facción que entiende debe ser más equitativa para lograr mayores beneficios de la producción y otro sector que como dijera Hilferding en el pasado siglo “…quiere dominarlo todo. El capitalismo financiero no quiere competencia, ni socias, lo quiere todo”.

Entendiendo cual es nuestra posición, las fuerzas populares debemos lograr que se conformen policías locales, con gran conocimiento del territorio y la comunidad. Que las jefas policiales sean por elección popular y provengan de la sociedad civil.

Que la formación policial esté a nivel terciario y universitario, que cada agente sepa cuál es su función y la ejerza a lo largo de su carrera.
Las policías rasas no deben tener la posesión de las armas, ya está harto demostrado que una policía armada es un asesina en potencia, a la espera de su víctima.

Se debe instrumentar una comisión ciudadana de control de las acciones policiales.

Todo acto de corrupción policial debe considerarse un delito de Traición al Pueblo Argentino, y castigarse con las penas más duras. Igualmente la mala praxis policial.

Estas son sólo unas ideas iniciales de cómo debería configurarse el esquema de la seguridad a nivel local y nacional, que prometo profundizar en próximas notas, pero cualquier proyecto es hoy imposible, si las fuerzas populares no muestran que tienen la fuerza para lograrlo.

Una hacker para entrar a un sistema, primero intercambia información, después con esa información busca las vulnerabilidades, después ataca esas vulnerabilidades con diversas técnicas y finalmente toma posesión del sistema. En ese punto la Hacker toma una decisión que la define, sólo robar lo que puede vender o cambiarlo todo.

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Walter "Galleguindio" Ramirez

Defensora del software libre y el No a las patentes desde 1995. Usuaria de MUSIX-UTUTO-DRAGORA. Miembro de LUNAR (movimiento de software libre argentino disidente de SOLAR). Haklab Barracas. Creadora del Proyecto Hackuelas. Escritora de Ciencia Ficción y de Historias Sociales. http://galleguindioramirez.es/

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