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Hoy: Ensalada de conectividad, bienes comunes y gobierno de pares

El viernes 20 de marzo de este año se declaró la cuarentena, por causa de otra gripe que mata. Lo mismo paso en la década del 20, durante el siglo pasado, cuando la gripe española se ensañó con el planeta. Esta gripe tiene muchas similitudes con la actual. En aquella época se culpaba a las migrantes españolas que llegaban hacinadas en los barcos que las traían a estas costas desde el puerto de Vigo, hoy se culpa a las migrantes orientales, da lo mismo china, japonesa o camboyana. Un planteo muy lejano al de los bienes comunes.

Hace cien años también el gobierno usó la fuerza pública. En aquella pandemia, murieron unas cincuenta millones de personas, durante todo su proceso, que abarcó desde el invierno de 1917 al invierno de 1919. O sea la enfermedad se manifestó, se declaró la pandemia, hizo la curva W de morbilidad y se retiró. Mientras se retiraba hizo una segunda oleada que también tuvo su curva W y finalmente se retiró. Aquí en Argentina, la gripe española no se diferenció de su paso por las tierras antiguas, sino que fue una clonación de aquella.

«Como en Europa, la epidemia se presentó en dos oleadas principales. La primera, ocurrida en la primavera de 1918, provocó 2237 muertes, número no habitual, ya que en la epidemia estacional anterior sólo se habían registrado 319. Pero en la segunda oleada, en el invierno 1919, fueron 12 760 las muertes registradas. La gripe afectó más a las provincias pobres del Norte, hacia donde se fue extendiendo, al parecer por tren, desde Buenos Aires. Carbonetti describe una relación directa entre porcentajes de analfabetas y tasas de mortalidad por gripe en 1919. Las áreas del país con menor analfabetismo también tendrían mejores condiciones sanitarias, más médicas y hospitales.» dicen en Medicina Buenos Aires.

En esta pandemia que apenas lleva sus primeros 6 meses de tránsito por la tierra, la muerte nos ha quitado la compañia y el abrazo de 475.000 hermanas, madres, novias, amigas, esposas, hijas, amantes, la compañera de asiento en el colectivo y aquella que al vernos nos esperaba para dejarnos pasar y abrirnos la puerta con una sonrisa.

El mundo que viene, cuando pase la última oleada y ya las muertas no sumen cientos de miles y las anticuerpos se desarrollen en nuestras entrañas; no será el mismo. La forma de relacionarnos no será una explosión sensual de caricias, incluso el amor se resentirá y será más cauteloso.

Diferencias de la nueva normalidad y los bienes comunes

En la pandemía anterior, la comunicación se basaba en periódicos liberales y pasquines de las organizaciones anarquistas, socialistas y sindicales, muy desarrolladas en las urbes principales del país y apenas existentes en las poblaciones más pobres.

Hoy la conectividad es la piedra basal de nuestras comunicaciones, un bien común que está basado en nuestra producción de contenidos, pero un puñado de concesionarias nos cobran el acceso.

Es fundamental comprender que una pandemia es un gran suicidio en masa sin canales de comunicación adecuados, donde transite información veraz que sirva a las ciudadanas para organizar su tiempo y actividades durante la cuarentena, las médicas organizar su círculo de salud, las docentes organizar sus clases y saberes con las mejores herramientas, las alumnas de todos los ciclos acceder a esos saberes e informaciones.

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Donde la gran pelotuda argentina (como también española, turca,y de cuanta nacionalidad se te ocurra), sale a expandir la gran idiotez humana donde un virus forma parte del gran complot de unas cuantas «Cerebro» para dominar el mundo, sin la participación de Pinkys que las hagan fracasar, para eso han desarrollado una vacuna que nos convierte en marmotas, y nos han convencido de que la tierra es redonda y gira alrededor del sol; en vez de la más probable que la tierra plana es llevada por una tortuga gigante, mientras el sol pelea sobre nuestras cabezas una lucha eterna contra las sombras.

Bueh a veces pienso «para que llené mis paredes de estanterías con libros, si sólo bastaba escuchar a las antivacunas, antiderechos, anticiencia, etc. para entender a este mundo».

Entonces volvamos al problema de la conectividad y los bienes comunes.

Primero ¿Qué es un bien común?

«Los bienes comunes, también llamados bienes comunales o procomún, son aquellos recursos que son de cualquier persona pero que no son propiedad exclusiva de ninguna en particular. Por ejemplo: las semillas, las calles, el software libre y la wikipedia.»

Leemos en la web Comunes.org, que estos bienes tienen que ser garantizados por cada uno de los estados, para que no haya, como en la actualidad, un 1% que acceda al 85% de los recursos que nos son comunes, sino que podamos disfrutarlos cada una de las ciudadanas del mundo.

Pero todo este análisis lo dejo para la próxima, ahora lo que me interesa es que cada una de las lectoras entiendan que internet es un bien comunal, que sea nos pertenece a todas; y tiene la particularidad de que todas las conectadas producimos los contenidos, que consumimos.

Es como sí todas cocináramos una rica y nutritiva sopa, pero para poder consumirla debiéramos pagarle a quien esgrime el cucharón.

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El derecho de Internet

Internet debería ser un derecho humano, garantizado por las leyes, que obligue al estado a instrumentar las formas para que todas las ciudadanas tengan acceso de forma libre, en las mismas condiciones, con los mismos anchos de bandas, donde no haya usuarias que para leer este medio tengan que estar medio día y otras vean en el mismo tiempo toda la temporada de Mr. Robot.

De la misma forma que el Estado propuso hacerse cargo de Vicentín, debería haberse hecho cargo de la conectividad de las argentinas, para que puedan acceder a la informacción en tiempo real, para que puedan acceder a las clases virtuales, para que puedan acceder a los manuales, documentos y textos fundamentales para su formación.

Es extraño que personas con las mascaras de Anonymous, marchen «contra el comunismo» y a la vez contra el «nuevo orden mundial», pero eso sucede cuando la web no está regulada por los Estados para que sirva al bien común del procomún. Regulación no es sinónimo de censura, es sinónimo de instrumentación de la soberanía. Porque no es lo mismo promover el cine nacional, que cortar las tetas de la nueva Sarli.

La soberanía comunicacional se ejerce por el bien de todas las ciudadanas.
La soberanía alimentaria se ejerce por el bien de todas las ciudadanas.
La soberanía educativa se ejerce por el bien de todas las ciudadanas.
La soberanía tecnológica se ejerce por el bien de todas las ciudadanas.
La soberanía económica se ejerce por el bien de todas las ciudadanas.
La soberanía territorial se ejerce por el bien de todas las ciudadanas.

Toda soberanía se ejerce por el bien común y con la participación de todas las ciudadanas.
Toda soberanía está impregnada de procomún.
Sí; las soberanías no son ley que obligue a las gobernantes, que obligue a las ciudadanas; no son la columna de cada estado, no son nada.

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Walter "Galleguindio" Ramirez

Defensora del software libre y el No a las patentes desde 1995. Usuaria de MUSIX-UTUTO-DRAGORA. Miembro de LUNAR (movimiento de software libre argentino disidente de SOLAR). Haklab Barracas. Creadora del Proyecto Hackuelas. Escritora de Ciencia Ficción y de Historias Sociales. http://galleguindioramirez.es/

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