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¿Por qué debemos elegir cuál opresión nos duele más?

Por estos días tiene lugar en Argentina un interesante debate planteado por las militantes de la tendencia del partido obrero, que al parecer, cuestionan la adscripción de algunos sectores de la izquierda al programa feminista burgués predominante en el país. Sin entrar en los detalles de este debate ni de la dinámica política argentina (que por supuesto no manejo), considero relevante traer algunos elementos que han surgido en la discusión y sobre los que quisiera plantear mi postura como feminista radical y mujer revolucionaria.

En primer lugar, aparece con frecuencia la alusión al patriarcado como aparato meramente ideológico, demarcándolo del capitalismo que sería el aparato económico, como si no estuvieran fuertemente relacionados y pudieran tener existencias independientes y autónomas. Se explica de parte de las autoras que el feminismo burgués solamente busca reformar la superestructura y cambiar las ideas sobre las que se sostiene el patriarcado como sistema cultural imperante, siendo para ellas posible que el capitalismo sobreviva a la reforma o incluso desaparición del patriarcado, es decir, que pueda prescindir de la opresión de las mujeres en razón de su género.

Sobre esta primera cuestión, quizá la más trascendental, debo decir que las relaciones dinámicas pero estrechas entre capitalismo y patriarcado fueron analizadas y desarrolladas por muchas autoras feministas de la segunda ola, entre las que se destacan importantes mujeres revolucionarias. Solo quisiera recordar que el patriarcado otorga al capitalismo una importante base ideológica que justifica y normaliza la explotación de las mujeres y sus cuerpos y la reproducción de los valores sobre los cuales se cimienta la sociedad capitalista, a través de la familia como estructura básica de organización social.

Es por esto que el patriarcado no es solamente el aliado ideológico del capitalismo, es también su aliado económico. Revisemos esta cuestión en mas detalle. La industria del entretenimiento, que mueve miles de millones de dólares al año se basa principalmente en el consumo de estereotipos patriarcales, sin mencionar a la industria de la pornografía y el muy lucrativo negocio de la prostitución, el maquillaje, los vientres de alquiler entre otros. Todos estos se basan en la naturalización del cuerpo de las mujeres como objeto de consumo y de transacción comercial, paradigma cultural del patriarcado y sin el cual, el capitalismo se quedaría sin uno de sus principales renglones económicos.

¿Está dispuesto el capitalismo a desprenderse de las multimillonarias ganancias que otorga el consumo y explotación sexual y de la imagen física de mujeres a nivel mundial? Pensemos ahora en el papel de las mujeres como reproductoras de los valores culturales sobre los que se sostiene el capitalismo, ya que, al interior de las familias, las mujeres no solo están encargadas de labores de cuidado que no son remuneradas, sino que además, sobre ellas recae la trasmisión de valores funcionales a la perpetuación del sistema económico: la sumisión, la obediencia, el respeto a las jerarquías, el miedo, la normalización de la opresión etc. Sin el pequeño laboratorio de control social que representa cada familia, al capitalismo le quedaría mucho más difícil la contención de las masas de explotadas.

Son estos dos aspectos claves en la relación cómplice entre capitalismo y patriarcado, que considero impiden su disolución como un solo entramado de opresión, suponiendo eso sí, que cuestiones como la desigualdad salarial, el derecho al aborto y el trabajo doméstico sean resolubles a través de lucha feminista por reformas bajo este sistema.
Ahora pasemos al segundo punto, y es justamente el tema de la familia. Se pone de manifiesto en algunos de los textos, cierta visión romántica de la familia obrera, como entidad social a mantener y defender.

Ninguna de ellas cuestiona el rol social de la familia como reproductora de mecanismos de explotación y opresión, ninguna de ellas habla de las mujeres obreras golpeadas y violadas sistemáticamente por sus esposos obreros. Si bien apuntan a que las mujeres trabajadoras “son doblemente explotadas” no señalan el papel de la familia tradicional en el sostenimiento de esa explotación. De hecho, si bien son defensoras del derecho al aborto, hablan de la defensa de la familia obrera desde el “derecho a decidir cuando ser madres”, derecho que nunca podrá ejercerse en libertad mientras el patriarcado y todos sus dispositivos de transmisión y presión ideológica sigan diciéndole a las mujeres que su realización social y personal es parir y criar hijos.

Las familias además han significado la atomización de la sociedad en pequeñas unidades de consumo, asegurando la transmisión de la propiedad privada y obstruyendo experiencias de organización colectiva aislando a las mujeres de escenarios de formación y lucha política.
Otro aspecto que llamó mi atención fue el rechazo hacia conceptos como “patriarcado” o «machismo” por su origen burgués y el llamado en este sentido, a utilizar conceptos nacidos de las obreras y obreros ya que según la autora “En las asambleas de trabajadoras, no se vota nunca ‘contra el patriarcado’ o el ‘machismo’, salvo que la ideología pequeño burguesa se entrometa en ellas.” y continúa: “El patriarcado no está en nuestra agenda, es decir la violencia machista como eje y origen del mal contra las mujeres”. Sobre esto cabe decir que la validez o invalidez de los conceptos no lo otorga el origen de clase de quien lo enuncia, sino su correspondencia con la realidad que pretenden explicar y en este caso, su posible instrumentalización en la construcción de alternativas de transformación.

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En este mismo sentido, me pregunto: ¿Que las obreras no voten contra el patriarcado en las asambleas o no lo entiendan como eje de sus problemas, significa que no lo vivan y experimenten en su vida cotidiana? ¿No significaría más bien su exitosa interiorización y normalización? ¿Esperamos entonces que cada vez que vayamos a una asamblea de trabajadoras tengan construidos los conceptos y teorías con las que explican su realidad y la estrategia revolucionaria para combatirla? ¿Si esto es así, cual sería entonces el papel del partido?
El capitalismo es un sistema dinámico y complejo de explotación. En su interior pueden coexistir múltiples estructuras de opresión en razón del género, la raza y el credo, que le son funcionales, lo alimentan, reproducen y justifican, si bien, la principal y determinante es la económica, la explotación de unas clases por otras. Es por esto que considero absurda una situación a la que yo misma me he visto abocada, decidir contra cuál de mis opresiones quiero luchar, cual me duele más.

Y la verdad es que decidí que no tengo porque tomar esa decisión: porque soy mujer y también trabajadora.
Finalmente, estoy de acuerdo en que las estrechas miras de la agenda del feminismo burgués no solo no representa la alternativa emancipadora que requerimos las mujeres sino que en muchos casos está siendo funcionales al sistema capitalista, y aquí me refiero al feminismo liberal y su agenda a favor del proxenetismo (disfrazando de trabajo sexual libre y autónomo lo que no es más que explotación sexual de mujeres y niñas), el alquiler de vientres y la industria de hormonización y transformación quirúrgica de cuerpos para ajustarlos al modelo binario de géneros. Entiendo por lo tanto que capitalismo y patriarcado debe caer juntos.

Que el capitalismo no puede desmontar uno de sus principales pilares ideológicos de explotación y que la caída del patriarcado no conlleva la destrucción del modo de producción capitalista, sin lo cual, las mujeres nunca seremos verdaderamente libres.

Vía Tribuna Feminista

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