/“Mi cuerpo no define mi género” ¡patrañas!

“Mi cuerpo no define mi género” ¡patrañas!

Hoy, por lo menos media docena de amigas me han enviado un vídeo. Deduzco, por lo tanto, que causa furor…
Le pongo objeciones que, por supuesto, van a incomodar a algunas, pero, como he repetido en numerosas ocasiones, precisamente porque respeto a las feministas, debato con ellas. Si este vídeo fuera claramente machista, yo no polemizaría. Me reiría, pero no entraría en debate.

El vídeo empieza con la clásica retahíla de improperios que el patriarcado suele dedicarnos a las mujeres para, acto seguido, darles la vuelta. Sí, nuestro desdén nace de una actitud desafiante frente al orden patriarcal. Eso lo llevamos gritando desde hace años y años en las manifestaciones de mujeres: “¡Somos malas, podemos y queremos ser peores!”

Luego evoca algunas conquistas del movimiento feminista: derecho al voto, a la educación y “derecho de decidir por nuestros cuerpos”. Supongo que esta última frase es una errata. Porque lo de “decidir por nuestros cuerpos” casi suena a lo del cuerpo y el alma, siendo esta última la que decide por el primero. Y, como pienso que no, doy por supuesto que es una errata. Con todo, sobre el fondo de la frase, objeto: cierto, conquistamos el derecho al voto y a la educación pero el derecho sobre nuestros cuerpos está a medio conquistar. Mientras existan violencias sexuales, mientras sigan entronizados y naturalizados modos y formas de relaciones sexuales que contentan a los hombres pero no a las mujeres, mientras existan todo tipo de chantajes y presiones hacia nosotras, mientras exista la prostitución (que no es un derecho nuestro sino un “derecho” de los hombres), mientras haya señoras consideradas vasijas-incubadoras de hijos “ajenos”, etc. no creo que se pueda decir que hemos conquistado el derecho a decidir sobre nosotras. Lo que cabe decir es que estamos en plena batalla.
Como yo misma he repetido muchísimas veces, el pesimismo es reaccionario, pero el vídeo se pasa de optimista también cuando dice “culpables de haber llegado a todas partes”. No hemos llegado a todas partes. Estamos intentándolo. Sabemos que hay partes a las que aún no llegamos o llegamos con cuentagotas. Y hay otras partes (las calles, las fiestas, la noche en incluso las casas) donde seguimos corriendo graves peligros.

Y eso “de estar de moda” ¿qué es? ¿qué significa?

Pero donde el vídeo de me deja estupefacta en cuando se pone a clasificarnos. Dice que hay dos tipos de mujeres: unas con vulva y otras con pene. Aunque, inmediatamente añaden una tercera: queer. O sea, hay mujeres trans, cis y queer (no aclara qué tipo de genitales tienen estas últimas).
Pero parece que no haya pobres ni ricas, de derechas ni de izquierdas, altas o bajas, del campo o urbanas, rubias o morenas, solteras o casadas, que gozan de relativa libertad o machacadas hasta la crueldad extrema. No hay mujeres en rotondas, puticlubs y calles aguantando lo inaguantable. No hay mujeres trabajando en condiciones miserables. No… Todas esas diferencias carecen de la más mínima importancia, son pelillos a la mar. Lo destacable es que hay tres clases de mujeres (tres, como la santísima trinidad): trans, cis y queer ¿Un tercio de cada? El vídeo no lo aclara.

Y aquí dejo la ironía para puntualizar (y espero que no quepan dudas): no tengo intención alguna de ir levantando faldas o bajando cremalleras para ver qué genitales tiene cada cual. No pienso poner en duda la identidad de aquellas personas que conozco y que me dicen que son mujeres pero que fueron hombres. Ni quiero que nadie sufra mofa, befa ni escarnio por no adaptarse a un aspecto determinado u otro. Lamento profundamente si alguien padece crueldades por ello.
O sea: de entrada no cuestiono opciones personales. Pero sí afirmo dos cosas:
1. Quien más ha hecho por dinamitar las estructuras de género han sido las feministas. El movimiento feminista ha luchado con denuedo por cargarse los brutales corsés que limitaban la vida de las mujeres y les impedían el acceso a multitud de derechos que reservaban para los hombres. Un señor -o señora- con barba y tetas no está cambiando el mundo. Está viviendo su vida. Pues bueno, que le aproveche, pero que sepa, que quien le ha posibilitado esa libertad ha sido -en un 80 o 90%- la lucha feminista. Y que sepa que quien sigue cambiando el mundo son fundamentalmente las mujeres que se atreven a reivindicar derechos y a enfrentarse con el poder patriarcal.
2. Ese escrito que lleva en la espalda uno o una: “Mi cuerpo no define mi género”, es una patraña. Si fuera cierto, estaríamos haciendo el tonto. ¿Para qué pelear y pelear? Porque, caramba, si nuestro cuerpo no define nuestro género, basta con que mañana todas nos declaremos hombres. Y ya. Se acabaron las discriminaciones y los abusos. Y que no se asusten aquellas que gustan de faldas, abalorios, pinturas. No hay que cambiar nada. Solo declararse hombre.

Con todo, os digo, lo que me cabrea de este vídeo -tan “inclusivo y tan guay” que no se olvida ni de las indias- es que, sin embargo, se olvide de las mujeres reales. Por más que lo miro me cuesta ver alguna como las que me encuentro en el mercado de mi barrio, en las fiestas de mi pueblo, las clases de gimnasia, en cualquier centro de trabajo o en las aceras de cualquier ciudad. Comparad las mujeres de este vídeo con las que aparecen en “Mi calle pa cuando”. Anda, comparad…

Ya sé que el poderío yanqui es tremendo, sí. Nos ha fagocitado hasta las trancas. Parece que ya es casi imposible tener imaginarios que no sean hollywoodienses. Así, da igual donde se haga un vídeo: siempre parece made in USA. En fin…

Pero lo que me indigna y me hiere profundamente es que este video de “tanta diversidad molona y guay” (tanta que incluye hombres feministas, mujeres con barba u hombres con tetas) se olvide de las mujeres con discapacidad. No sé cuántas mujeres con pene habrá en España (según el énfasis que le pone el vídeo, parece que fueran como la mitad ¿no? o, al menos, cientos de miles). Pero sí sé que, según la última encuesta del INE, en 2008 había 2.300.000 mujeres con discapacidad. Y sé que son especialmente vulnerables y que sufren un cúmulo de brutalidades y discriminaciones que espantan. Pero, a esas, que las parta un rayo. De esas no tenemos nada que decir (a no ser que Hollywood las ponga de moda, pero no creo que vaya a ocurrir porque tomarse en serio los problemas de esas personas, supone tomarse en serio las estructuras sociales de apoyo y ayuda y eso al neoliberalismo no le mola nada).

Conclusión: es lo que pasa cuando no se politiza, cuando no se analizan las raíces del patriarcado, cuando no se piensa en las mujeres reales: todo se convierte en una especie de anuncio que imita a los de Campofrío, Ikea o los que hacia Coca-Cola sobre la paz y el amor universal…

Ya sé: no soy nada neoliberal, nada supermegaguaydelamuerte, nada másmodenaqueyoimposible. Ea, qué le voy a hacer…

Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París. Lee el blog de cine de Pilar Aguilar: http://pilaraguilarcine.blogspot.com.es