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¿Se puede salvar a las redes sociales?

No hace falta decir que algo está mal en las redes. Probablemente lo hayas experimentado vos misma. Tal vez es la forma en que te sentís al recorrer tu línea de Twitter, ansiosa, nerviosa, un poco cansada, o tu malestar cuando ves a una niña mirando videos de YouTube, sabiendo que ella está sólo a unos pocos empujones algorítmicos de un agujero lleno de conspiraciones de locas y gore. O tal vez fue el escándalo de privacidad de Facebook de este mes, que te recordó que has confiado las partes más íntimas de tu vida a una máquina de vigilancia que maximiza los beneficios.

Nuestra creciente incomodidad con nuestras plataformas sociales más grandes se refleja en las encuestas. Una encuesta reciente realizada por Axios y SurveyMonkey encontró que las tres principales compañías de medios sociales, Facebook, Twitter y Google, que comparte una compañía matriz con YouTube, son significativamente menos populares entre las personas que hace cinco meses. (Las redes sociales están alimentando la violencia en el mundo real y empoderando a las autócratas, a menudo con muy poca supervisión).

Pero sería un error lavarse las manos y asumir que tiene que ser así. El sueño original de las redes sociales -producir discusiones saludables, desbloquear nuevas formas de creatividad, conectar personas con intereses similares- no debería descartarse debido a los descuajeringues de las líderes actuales del mercado. Y aún ocurren muchas cosas importantes incluso en las redes más defectuosas. La huelga de docentes de Virginia Occidental y la Marcha del fin de semana pasado, por ejemplo, se organizaron principalmente en Facebook y Twitter.

El principal problema de las redes sociales actuales es que ya son demasiado grandes y están atrapadas dentro de un sistema basado en el mercado que las obliga a seguir creciendo. Facebook no puede dejar de monetizar nuestros datos personales por la misma razón que Starbucks no puede dejar de vender café: es el corazón de la empresa, se dedican a eso.

Muchas de las soluciones propuestas implican regulación. La Ley de Anuncios Honestos, un proyecto de ley en el Senado norteamericano, requeriría una mayor transparencia para los anuncios políticos. El Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, que entra en vigor en mayo, tiene como objetivo brindar a las usuarias un mayor control de las rutas de su información digital.

Pero estos esfuerzos no tocan los problemas subyacentes, y de hecho podrían dificultar que las empresas nuevas compitan con las gigantes.

Si realmente queremos cambiar el funcionamiento de las redes sociales, se requieren intervenciones mucho más radicales (N. de la E: se refiere a ‘radicales’ en el buen sentido, contrario al de la UCR argentina). Aquí hay tres maneras posibles de rescatar las redes sociales de las presiones basadas en el mercado que nos trajeron hasta acá.

Darle poder a la gente

En su libro “New Power”, que sale a la luz la próxima semana, Jeremy Heimans y Henry Timms escriben sobre la lucha entre instituciones centralizadas y descendentes (desde arriba hacia abajo), que representan el “viejo poder” y los movimientos ascendentes (desde abajo hacia arriba), que representan “nuevos poder.”

Facebook, escriben, es un ejemplo de una nueva institución de poder que sirve a antiguos intereses de poder. Recolecta la producción creativa de miles de millones de personas y la convierte en una empresa gigante y centralizada, donde la mayoría de las usuarias no participan del valor económico que crean y no tienen voz en el gobierno de la plataforma.

En cambio, las autoras preguntan: ¿qué pasaría si sus usuarias ejecutaran realmente una red social?

“Si estás aportando valor económico a algo de esta gran consecuencia social, tenés que ganar algo del valor que estás creando”, me dijo el Heimans.

Nathan Schneider, profesora de estudios de medios en la Universidad de Colorado, tuvo una idea similar en 2016, cuando propuso que las usuarias de Twitter se unieran para comprar la plataforma a sus accionistas y convertirla en un colectivo administrado por usuarias, similar a una cooperativa de consumo. Las personas que hicieron contribuciones valiosas a la red, como empleadas y usuarias avanzadas, recibirían más poder de voto. Y las usuarias tendrían un lugar en el directorio para tomar decisiones importantes sobre las operaciones de la plataforma.

Es extremadamente poco probable que Mark Zuckerberg, que ha luchado arduamente para mantener el control de Facebook, alguna vez convierta a la compañía en un colectivo administrado por usuarias. Pero Schneider cree que otorgar más control a las usuarias responsables podría ayudar a restaurar la confianza en la red y señalar el tipo de valores que Zuckerberg dice que quiere que represente Facebook.

“Podría demostrar que toma la democracia lo suficientemente en serio como para comenzar con su propia bebé”, dijo Schneider.

Crear Redes Federadas

Otro enfoque radical (N. de la E: también se refiere radical en el buen sentido) sería hacer que las redes sociales funcionaran más como el correo electrónico, de modo que las aplicaciones independientes pudieran trabajar juntas sin problemas, a través de un protocolo común.

En lugar de un gran Facebook, una red social federada sería un grupo de nodos independientes (Mombook, Athletebook y Gamerbook), que podrían conectarse a la red general cuando lo necesite. En lugar de requerir un conjunto único de políticas que se apliquen a miles de millones de usuarias, estos nodos podrían diseñarse para reflejar las prioridades de las usuarias. (Una red para superheroínas de la privacidad y otra para maximalistas de compartir abiertamente podría tener diferentes reglas de retención de datos, y una red para usuarias LGBT y una para pastoras evangélicas podría tener diferentes reglas de discurso de odio). Si un nodo se volviera demasiado tóxico, podría ser eliminado sin cerrar toda la red.

“El correo electrónico es la red social más resistente en Internet”, dijo Schneider, “y lo que le permite adaptarse es que se trata de un protocolo abierto, y las personas construyen aplicaciones encima y evolucionamos mientras lo usamos”.

Las versiones de este tipo de red ya existen. Mastodon, una red social descentralizada similar a Twitter, ha recibido más de un millón de usuarias registradas desde su debut en 2016. Y varias redes sociales basadas en el blockchain, el sistema de contabilidad que subyace en monedas como Bitcoin, han surgido en los últimos meses.

Las redes descentralizadas tienen sus propios problemas. Son complicadas de administrar, y aún pueden manipuladas. También pueden ser víctimas del mismo tipo de problemas de privacidad que se critica a Facebook. (De hecho, parte de la razón por la cual las usuarias están enojadas con Facebook es que la infraestructura de datos de la compañía era demasiado abierta y hacía que a las desarrolladoras de aplicaciones externas les resultara demasiado fácil sacar información de las usuarias hacia fuera de Facebook).

Nada de esto es una panacea. Pero experimentar con modelos más descentralizados podría dar a las usuarias de las redes sociales la sensación de que las plataformas representan sus intereses, más que las de una corporación sin rostro.

Poner fechas de caducidad en gráficos sociales

Una amiga comentó una vez que la principal diferencia entre las aplicaciones de citas como OKCupid, Tinder y Bumble no era la forma en que se diseñaron ni las empresas que las respaldaban: era cuánto tiempo habían existido.

Las nuevas aplicaciones, dijo, son más propensas a atraer a personas interesantes e inteligentes que realmente buscaban citas. Las aplicaciones más antiguas, por el contrario, fueron finalmente invadidas por monstruos y depredadoras, sin importar lo bien construidas que estuvieran.

Una teoría similar podría aplicarse a las redes sociales. Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat tuvieron muchos problemas en sus primeros años, pero en general eran más limpias, con menos tipos de explotación y comportamiento malicioso. Hoy, el enorme tamaño e influencia de estas plataformas las ha convertido en irresistibles ollas de miel para trolls y fascistas, y muchos de nuestros “gráficos sociales” -el término de Facebook para las redes de conexiones digitales que creamos- están obstruidos por años de desorden.

En una publicación del año pasado, la capitalista Hunter Walk propuso una idea interesante: un botón de “inicio” obligatorio por mandato legal que, cuando se presiona, permitirá a las usuarias de las redes sociales eliminar todos sus datos, borrar sus feeds y listas de amigas, y comenzar con una nueva cuenta.

Yo iría más allá y sugeriría que las redes sociales ofrezcan a sus usuarias una opción automática de “autolimpieza”, que borre regularmente sus perfiles de aplicaciones que ya no usan, amistades y seguidoras con las que ya no interactúan, y datos que no querés almacenar. Si se habilitaran estas herramientas, las usuarias tendrían que tomar medidas afirmativas si no desearan que su información desapareciera después de un determinado tiempo.

Hacer que los gráficos sociales sean temporales, en lugar de conservarlos para siempre de forma predeterminada, sería indudablemente malo para los modelos comerciales de la mayoría de las redes sociales. Pero podría crear normas nuevas y saludables en torno a la privacidad y la seguridad de los datos, y evitaría que los problemas se acumulen a medida que las redes envejecen y se aglomeran. Incluso podría recapturar parte de la magia de las redes sociales originales, cuando las cosas eran frescas y fascinantes, y no tan aterradoras.

Via NYT

Columnista de tecnología, NYT. Todo estará bien, lo prometo. Kevin.roose@nytimes.com