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Nueva Zelanda prohíbe patentar software

El parlamento neozelandés aprobó una ley que prohíbe las patentes de software porque desalientan la innovación.

El negocio de las patentes siempre ha sido un palo en la rueda para muchísimas cosas y además es utilizado como una forma de coartar el crecimiento de un país. Tal vez el sector donde más repudiables son sea el farmacológico, el alimenticio y sus industrias derivadas o relacionadas.

 

Una patente es un derecho exclusivo que da un Estado a quien la registra. Es muy curioso cómo el término “exclusivo” se usa a nivel comercial como un aspecto positivo. Exclusivo implica exclusión, y la exclusión rara vez es algo positivo. Esta exclusión, es de cualquier persona que no haya registrado aquello que quien posee la patente registró.

 

 

Así, empresas como Monsanto tienen sumidos pueblos enteros a comprar constantemente su producción. Hay países, como el nuestro, que están muy cercanos al monocultivo y que utilizan -como nosotros- semillas que están bajo patentes de Monsanto, que podrían hacer, por ejemplo, que toda la producción de soja sea de su propiedad.

 

Cobrar dos veces por el mismo trabajo debería ser ilegal, resulta una suerte de fraude o estafa.

 

Nueva Zelanda no legisló en lo alimentario, sólo en software. ¿El Argumento? Impide la innovación. Hay patentes tremendamente ridículas, como el doble click, ¿sabías que está patentado? El registro de fórmulas e ideas significa un gran negocio para quienes viven no de las ideas y fórmulas registradas sino de las ganancias que les genera cobrar cuando alguien quiere hacer uso de algo que ellos registraron. Y, hay que decirlo: que alguien te cobre por algo como una patente, no tiene ningún sentido, es lo mismo que los “derechos de autor”, creo que debemos pagar por el trabajo, pero cobrar dos veces por algo que ya se hizo es ridículo y hasta debería ser ilegal. Bueno, en algunos casos lo es, y se considera fraude o estafa.

 

 

 

Esta ley le llevó cinco años de debate a Nueva Zelanda producto de las enormes presiones de las grandes multinacionales privativas del software y la aprobación fue por amplia mayoría y con el objetivo de acabar con la tiranía de las patentes de software y con el Acta de Patentes, que era la ley que regía el asunto desde 1953 (actual, ¿no?).

 

En un principio las patentes se empezaron a utilizar como una forma de proteger la innovación. El esquema es simple: pensá algo, patentalo, y cobrale a todo el mundo por usarlo. Claro, en temas como el software, donde hay una interrelación constante de distintas tecnologías, el tema de las patentes se vuelve una cuestión terrible, pues podés llegar a tener que pagar varias patentes para poder llevar adelante un desarrollo o mucho peor, no poder hacerlo pues quien posee el derecho a hacer eso que necesitás tiene también el derecho de impedirte que vos lo hagas.

 

Muchas corporaciones han patentado software libre para coartar su desarrollo

 

Las patentes son sobre todo dañinas para el software libre. Muchas corporaciones han patentado software desarrollado por otras personas bajo licencias libres, logrando luego truncar el desarrollo de un software que le resulta competitivamente peligroso ejerciendo su derecho a exclusión o cobro de derechos.

 

 

 

 

Los responsables de la distribución de GNU/Linux Red Hat, llegaron incluso a presentar una demanda ante la Corte Suprema estadounidense solicitando se termine definitivamente con las patentes en software por impedir la innovación y el crecimiento, además de ahogar a las compañías y explotar a los desarrolladores de software.

 

El negocio de las patentes mueve alrededor de 29.000 millones de dólares al año.

 

Según sostienen en sus argumentos la ley aprobada, para Nueva Zelanda, “el sistema de patentes no funciona para el software, ya que es casi imposible para las empresas tecnológicas crear nuevo software sin violar algunos de los cientos de miles de patentes de software existentes, algunas demasiado obvias”.

 

 

Esta es una medida de avanzada que bien deberían tener en cuenta estados como los nuestros para generar una industria del software, y por qué no, la totalidad de las industrias y otras tareas “patentables”, sustentable, sostenible y libre de opresiones. Existen los llamados “Patent Trolls”, gente que se dedica a comprar patentes e imponerlas judicialmente en contra de supuestos infractores de sus “derechos”.

Pero también existe un tipo de Patent Troll mercenario, que hace esto por encargo de ciertas compañías que no quieren que otras empresas se desarrollen ni ganarse una mala imagen saboteando a la competencia.

 

 

Desde Hackers, te invitamos a que colectivamente pensemos qué alternativas pueden tener ciertos trabajos -como escribir, pintar, componer o interpretar música, producir televisión o cine, entre muchos otros- para poder seguir existiendo sin generar regalías en base a la prohibición de compartir.

Por lo pronto, esperamos que estas decisiones tomadas por el Estado neozelandés sean imitadas por estados de países como los latinoamericanos, con el objetivo de lograr una autodeterminación y soberanía sin centrar los derechos de producción sobre la imposibilidad de otros de ejercer la creatividad o el compañerismo.

¡Happy Hacking!