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Las chicas guapas no piensan

Dice una vieja canción infantil que “al pasar la barca me dijo el barquero: las chicas bonitas no pagan dinero”. No voy a comentar sobre el sexismo de la coplilla -y no porque económicamente nos salga el saldo a favor a las mujeres, que nos ahorramos la tasa náutica del barquero en cuestión- sino que la traigo a colación de algo que leí el otro día en un titular de prensa, y que por alguna razón hizo que acudiera esta tonadilla a mi cabeza.

Se trataba de una información, más o menos desenfadada, acerca de una triunfita de la nueva ola. De Ana Guerra, para ser exacta. Y decía el titular algo así como “Sorpresa en Pasapalabra con lo que sucedió con Ana Guerra”.

Como quiera que soy una friki de los talent show -nadie es perfecto, como dijo Billy Wilder-, fui rápidamente a comprobar cuál era la sorpresa. ¿Se había desvelado que en realidad era una extraterrestre que venía del planeta Plutón? ¿Habría descubierto la fórmula de la eterna juventud y tiene en realidad 227 años? ¿tendría acaso dieciséis hijos y doce nietos? ¿o sería una espía enviada por la inteligencia rusa? Nada de eso. Se trataba, ni más ni menos, de que la muchacha había completado ella sola con éxito una de las pruebas del concurso. Ahí queda eso. ¿Dónde está, pues, la sorpresa? ¿en una concursante que concursa y lo hace bien?. Pues no. Parece que la sorpresa, para el medio de marras, debía ser que una chica guapa y joven supiera hacer algo más -mucho más- que la o con un canuto. Y eso que no es rubia, aunque la verdad es que el estereotipo de rubia tonta quedó algo devaluado después de que presumiera de hacer uso de él una política aficionada a las cremas que anda ahora en horas bajas.

Por si me había traicionado el subconsciente, leí de nuevo la noticia en el medio que así titulaba. Con pena, comprobé que no se trataba de la prensa del colorín ni de la del hígado, sino de un medio generalmente enterado y que suele ser incisivo y crítico. Pero mi sorpresa continuó, y no por lo que decía el texto sino porque no era el único medio que hablaba de esto en términos semejantes. Otro rotativo teóricamente serio reproducía el titular casi literalmente, y otros muchos la tildaban de reina del programa, de heroína, o hablaban del “otro don” de la cantante. De modo que, según parece, partían de la base de que la chica tendría que hacer el ridículo en un programa de cultura general. Me pregunto si les hubiera sorprendido tanto si se hubiera tratado de un varoncito de mediana edad y no tan agraciado físicamente. Y me indigno sólo de imaginar la respuesta.

Pero, por desgracia, no es que a la prensa en general le hubiera dado un golpe de calor y se le hubieran derretido las neuronas ese día. Es que la cosa sigue, allá por donde mire. Y no más me había repuesto del disgusto, me encontré con otro titular que andaba por la misma senda. Se hablaba, desde las páginas de otro diario supuestamente serio, de las “preocupantes” imágenes de Eva Longoria sin maquillaje. Como no escarmiento, corrí a abrir el enlace para enterarme de cuál era el motivo de preocupación, ya que en la foto que ilustraba el reportaje la actriz aparecía la mar de sonriente. ¿Habría caído enferma? ¿Se habría retirado de la escena? ¿O sería ella la extraterrestre, la que había descubierto el secreto de la eterna juventud, o la espía rusa?. De nuevo, nada de todo eso. Lo único que pasaba -o mejor dicho, que no pasaba- es que la artista, que ha sido madre, había salido a la calle sin maquillar y que además tenía algo de ojeras y cansancio. No quiero ni imaginar qué pensará quien haya escrito esto si me ve a mí cuando voy al súper a última hora. Si le preocupaba lo de ella, lo mía haría que le diera un infarto. Y es que no sé ni siquiera como se atreven a decir que preocupa que una mujer no se maquille cuando, además, estaba estupenda. Por supuesto, nada de esto ocurriría si quien saliera a la calle sin maquillaje y con cara de cansado fuera un hombre. Igual, hasta le llamaban “padrazo”, con esa costumbre de ensalzarlos por hacer lo que se entiende por normal en las mujeres.

¿Para cuando van a prescindir de tales estereotipos? ¿Para cuando dejarán de transmitir la idea de que no se puede ser guapa y lista a la vez? ¿Para cuando admitirán que se puede salir a la calle sin maquillar sin que el mundo estalle en una debacle nuclear? Probablemente, si Eva Longoria hubiera ido a Pasapalabra, hubieran dicho que el esfuerzo de pensar era lo que había provocado su cara de cansancio. Y si Ana Guerra hubiera acudido al programa sin maquillar, la hubieran puesto verde, aunque estuviera divina de la muerte. Y lo peor, a nadie le hubiera sorprendido que una u otra fallara porque, probablemente, era lo que esperaban.

No sé cómo, en pleno siglo XXI, siguen reproduciendo estos roles tan rancios y trasnochados como la cancioncilla infantil con la que empezaba este artículo. Lo que sí sé es que, como sigan en esta línea, el camino para ser cada vez más iguales se va a hacer demasiado largo. Y, además, lo afirmo estando perfectamente maquillada. Que no se diga.

Vía Tribuna Feminista