Contra la invisibilidad de los puteros

Marta Borraz escribe en eldiario.es un artículo defendiendo la prostitución (aunque ella no lo dice abiertamente). Su argumento central es el bien conocido de la “caridad” con las prostitutas. Ese que, junto con el de “la libertad”, forman el par de argumentarios básicos para defender la prostitución en los tiempos modernos.

¿Y qué se alega para desacreditar la opción de penalizar a los puteros? (me centro en la opción de penalizar a los puteros porque la de penalizar a las prostitutas me parece tan claramente demencial que no creo que necesite ni rebatirse).

Este es el argumentazo: si se sanciona al cliente (al “cliente”, como tan lindamente lo llaman) se perjudica a las prostitutas. ¿Por qué? Fundamentalmente porque entonces la prostitución se oculta, se va de las calles concurridas, se ejerce aún más (digo aún más porque ya es donde fundamentalmente se hace) en la periferia y en los prostíbulos y tal situación aumenta el peligro que corren las prostitutas.

Según esa lógica, si de verdad se creyeran este argumento quienes lo sostienen y si de verdad les importara la seguridad de las prostitutas, como primera medida, las ordenanzas deberían prohibir ejercer la prostitución en lugares donde no haya “ni luz ni taquígrafos”. O sea, deberían prohibir la prostitución en la Casa de Campo de Madrid, por ejemplo, en los polígonos que no estén estrechamente vigilados día y noche por las fuerzas del orden (o del desorden, como quieran llamarlas), en carreteras, descampados, rotondas… Incluso en edificios porque ¿quién controla lo que pasa en ellos? Debería estipular, pues, que sólo se pueda ejercer en las calles céntricas y a horas en las que estén frecuentadas ¿no? Eso tendrían exigir quienes alegan que hacerlo en lugares poco frecuentados aumenta el peligro que corren las prostitutas. Pues, hala, que se ejerza como en los alrededores de las Ramblas, como en estas fotos. E incluso que se grabe con el móvil y se suba a las redes sociales para que quede constancia de estas mujeres están siendo tratadas estupendísimamente y que, bien al contrario, por una manada de nada o por un mete-saca de menos aún, les van a soltar generosamente 15 o 20 eurazos…

Y digo yo, para empezar: ¿qué “profesión” es esa que necesita tener testigos que eviten que los “clientes” maltraten o asesinen? ¿Nos parece de recibo que exista una “profesión” así y que lo miremos con tal “normalidad?

O sea: aceptamos, en pro de la seguridad, que se sancione a quien conduzca a contramano pero no nos escandaliza que sigan existiendo y se consideren adecuadas situaciones y prácticas que suponen grave riesgo para una de las partes…

Pero además, aplicando ese mismo criterio, mejor no sancionar el robo porque sancionándolo, las ladronas se ven obligadas a robar con amenazas, usando la fuerza, intimidando a la persona robada, poniéndole un cuchillo en el cuello… etc.


Fotografia publicada en ELPAIS

Y pregunto: ¿presenta esta periodista datos que avalen y confirmen la afirmación de que allí donde se sanciona al putero aumentan las agresiones contra las mujeres prostituidas?  NO, NINGUNO. Se limita a recoger las palabras de unas “organizaciones que trabajan con las prostitutas”, dando por supuesto que estas organizaciones son objetivas, serias (aunque no den datos) y que no están financiadas por los prostituidores (lo cual ya es mucho suponer).

Marta Borraz basa su crónica en una jornada promovida por el ayuntamiento de Madrid, que quizá fuera más matizada pero, yo, sin haber asistido a la jornada, sólo leyendo su artículo, deduzco que, según dice, si se quiere proteger a las prostitutas, no se puede penalizar a los clientes. Cierto que Marta “disimula” su parcialidad citando en unas cuantas líneas (pocas y sin desarrollar) que otras organizaciones ponen reparos, aunque no quedan claro ni sus argumentos ni qué otra cosa proponen.

EY por si acaso (y digo “por si acaso”) lo que proponen estas últimas tampoco es la penalización de los puteros sino lo de “educar, sin sancionar”, afirmo que nada más educativo que una buena sanción. Eso sin perjuicio de que, además, se emprendan otros y variados tipos de acciones educativas, claro. Porque pregunto ¿por qué, cuando se habla de ciertos asuntos ligados a las mujeres -entre ellos la prostitución- nos parece bien lo que no nos lo parece de recibo en otros temas? Así, todo el mundo sabe que la homofobia se tiene que combatir con educación pero nadie niega que, para empezar, haya que sancionar a quienes marginen, humillen y discriminen a las personas en razón de su sexualidad. Oye, pues con la prostitución no. Con la prostitución hay quien dice que la desaprueba pero alega que no se debe penalizar a los “usuarios” sino solo darles consejitos: “No hombre, no, que eso está feo”. Ea.

En fin, el artículo de Marta es tan “imparcial” como si argumentara que la Virgen María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto citando y reproduciendo en un 90%  de su extensión las palabras y decires de los obispos y, luego, en un par de líneas, aludiera a que hay quienes lo ponen en duda…

Esta manera de manipular es irritante: tirar la piedra y esconder la patita. Hacer como si hablara desde un “no lugar”, desde una posición aséptica y neutral. O sea, tomándonos por tontas.

Leo que Marta dice de sí misma que tiene “visión de género”. Vale, sí pero ¿de qué género? Hasta el moño estoy de la visión de género… Casi que prefiero las visiones de niños de Fátima cuando se le aparecía la Virgen María… Esas, por lo menos, me hacen reír.

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Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París. Lee el blog de cine de Pilar Aguilar: http://pilaraguilarcine.blogspot.com.es

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