Desquicio otoñal

Cuando la derecha avanza, el mundo se desquicia. No es la primera vez que la derecha toma el poder global, ya lo hizo, en el marco de la Revolución Industrial, en el nacimiento del siglo XX y ahora regresa en esta segunda década del XXI.

Las ideas económicas que promueve la derecha provienen de la corriente que iniciaron dos pensadoras británicas en el siglo XVIII, Adam Smith Y Thomas Malthus, ambas pensaban que los gobiernos no debían interferir en las consecuencias sociales que originaba la economía, y por lo tanto tampoco regular esta.
Ellas decían que la riqueza era una virtud propia de las mejores individuos y justificaban la existencia de la pobreza para las mediocres e incapaces, consecuencia del vicio y del pecado.

Smith pensaba que la única ley era la de la oferta y la demanda y que, dentro de esta, los precios de los bienes y los salarios se fijaban solos contribuyendo al enriquecimiento de la sociedad (léase sociedad como las ricas de la región), pero quedaba el problema de las trabajadoras: ¿Cómo lo solucionaba Malthus?
Esta pensadora británica pensaba que las pobres se reproducían más rápido que la producción de alimentos y riquezas, por lo que promovía el control de natalidad entre las obreras y que se retirarían todas las protecciones de los Estados hacia estas, para que así abandonadas a su suerte estas disminuyeran. Sí lisa y llanamente hablaba de matarlas de hambre.

Este pensamiento fue la columna vertebral del sistema capitalista hasta el presente, por lo que gobiernos como el de Macri, Temer o Trump se han decidido a abandonar a las pobres a su suerte con todo ahínco, a poner precio a todo, vociferan que a mayor demanda, la oferta decrecerá y será todo más barato. Pero esto nunca pasó, ni siquiera en los tiempos ya lejanos de Smith y Malthus, eso sí, siguen insistiendo.

Han probado muchas formas de sacarse de encima a las pobres, las han masacrado por salvajes, por querer cambiar el hermoso mundo que ellas han creado, por existir simplemente. Pero, para eso se necesitan ejércitos bien armados por lo que Macri compra armas como para iniciar una guerra mundial, Trump arroja una bomba sobre Afganistán -que es peor que la arrojada sobre Hiroshima- pero bueno aquí no fue tan terrible, sólo murieron unas cuantas afganas entre ellas 36 niñas, Brasil apunta a hacer crecer su floreciente industria armamentista.

Hitler no perdió la guerra. Las nazis la ganaron.

Puede resultar violenta esta afirmación, pero en nada cambia el pensamiento nazi, del malthusiano que hoy practican las grandes corporaciones y los gobiernos que les son afines. En este pensamiento las vidas humanas son sólo una variable del enriquecimiento, por lo que no tienen mayor valor.

Por eso Trump -al igual que su par aquí- han derribado de un plumazo las políticas sociales de la gestión que las precedió, la única diferencia es que la presidente estadounidense gobierna el mayor ejército imperialista del mundo y se está preparando para conquistar el globo, su par de las pampas también se está preparando pero sólo para faldearla, como esas caniches que se frotan en las piernas de sus amas.

Pero, no sólo crece la violencia-poder ejercida por los estados, también crece la violencia estructural, la que ejercen las individuos sobre otras.
Esta violencia puede verse en el salto de desapariciones, violaciones y posterior muerte, que conforman los pasos del femicidio y que es ninguneado por el estado con la disminución de la partida para la secretaría de género, el desmantelamiento de las políticas que mantenían la violencia machista a raya y un mensaje desde los medios de comunicación, las redes y la institución policial que criminaliza a la víctima.

Hoy las víctimas, son presentadas como “negritas calentonas”, por suerte aún hay personas que levantan el guante y enfrentan esa violencia de la palabra, de la discriminación, del prejuicio y las expone ante la sociedad.

Pero esta violencia está creciendo. Las miembros de la comunidad LGTB son perseguidas en los barrios de Buenos Aires, en Chechenia las encierran en campos de concentración, en los pueblos de Colombia o México son violadas para “curarlas”, el patriarcado se renueva.

He buscado mucho en la web, en las listas de correos, en los foros del software libre y para mi desencanto no hay pronunciamientos repudiando el lanzamiento de la bomba más letal en un lugar perdido de Afganistán, ni condenando la muerte de las 36 niñas, ni el campo de concentración checheno para las pares del colectivo LGTB, ni el avance de la derecha a nivel global.

Aquellas que aprendimos a defender la libertad en el seno del software libre, a defender esos principios éticos, nos sentimos desilusionadas ante tanto silencio.

Tal vez la distancia entre la tecnología y la dignidad sea tan abismal que aún no han visto la sangre de las cómplices en sus manos.

Fuentes:
https://www.pagina12.com.ar/31602-como-vivir-sin-existir
https://www.pagina12.com.ar/31592-presa-por-seguir-viva
http://www.genderit.org/es/content/analizando-la-intersecci%C3%B3n-entre-las-tic-y-la-violencia-contra-las-mujeres-en-m%C3%A9xico-argenti

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Walter

Defensora del software libre y el No a las patentes desde 1995. Usuaria de MUSIX-UTUTO-DRAGORA. Miembro de LUNAR (movimiento de software libre argentino disidente de SOLAR). Haklab Barracas. Creadora del Proyecto Hackuelas. Escritora de Ciencia Ficción y de Historias Sociales. http://galleguindioramirez.es/

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1 Comment to Desquicio otoñal

  1. Gabriel Simón

    Nop…. el mundo viene desquiciado desde hace milenios, por eso “la derecha” lo gobierna, a veces, hasta ganando elecciones domocráticamente dirimidas…

    Obviamente, lo anterior es una chicana amable, no una refutación a lo dicho en el inicio del artículo… pero que me sirve para proponer la dimensión del problema. Y esto con un artículo anterior, respecto a la “pesada herencia”, brechas y duros presentes argentinos.

    Uno de los tantos problemas es que no aprendemos. Nos entretenemos dirimiendo contradicciones secundarias en lugar de las primarias… entonces los colectivos, los agrupamientos crecen por fragmentación… mientras que “la derecha” (entre comillas porque es una categoría medio vieja para enunciar lo nuevo y lo de siempre de este fenómeno) crece por acumulación. El mismo peronismo, sea lo que cada cual tenga para decir de ese fenómeno político-cultural, llevó ese mismo método acumulativo hasta el paroxismo y es así como tenemos ejemplares peronistas de derecha, derecha centro, centro a la olla, centro izquierda, izquierda izquier… En fin… Tanto le buscamos el pelo al huevo a conectar igualdad que ahí estamos, sin NINGÚN conectar y sin ninguna igualdad. ¿Debimos decir que estaba bien lo que estaba mal? No, pero -al igual que con muchas de las políticas progresistas del kirchnerismo versión néstor o versión cristina- se pone cada día de manifiesto que se trataba de políticas de estado que no estaban arraigadas como necesidades, reivindicaciones y logros populares, sino como políticas venidas “de arriba”, con mejor o peor tino.

    Lo cierto es que ya no tenemos una derecha “residual” (para usar el término con el que los campeones de la felicidad nos dicen a los peronchos, entre los que me anoto), en retroceso cultural, a pesar del genocidio, a pesar de Menem, además de la política minera y ambiental K, etc. No, estamos en 1957, con “el tirano depuesto” (Perón-Kirchner) y “esa mujer (Eva-Cristina), no porque sean equiparables Perón-Evita con Néstor-Cristina, sino porque estamos ante un discurso estratégico comunicacional, frente a una estética, frente a una ideología que subterráneamente se afinca en aquella primigenia “civilización o barbarie” sarmientina, que ha ido ganando conciencia de sí, que planetariamente se ha visto defraudada por los subsiguientes “progresismos” y porque es funcional a un capitalismo 2.0, militarizado, que ya no se sostiene en la economía, que hace mucho no cree en la política, sino en la militarización total y absoluta de todos los rescoldos de la civilización.

    De modo, que si la discusión se pone muy áspera en “el campo nacional y popular”, “progresista” o “de izquierdas”, más vale que miremos a “ese monstruo grande y que pisa fuerte” que es el capitalismo en su face actual, que no tiene ningún prurito en espiar, amenazar, cagar a palos y someter por las malas a todo sujeto que no tenga a bien ser sujetado. Así, más vale que asumamos el deber de crecer por acumulación también desde lo que quiera ponerse enfrente, porque “la derecha” siempre la tuvo clara: los modales son lo de menos….

    Saludos!

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