El renacer de la utopía: rock, hacking, cultivo vegetal

Disculpen la dureza de ciertas palabras, estoy abierta al debate pero no pretendo caerle bien a casi nadie, siento que tengo que decir o escribir mis ideas claramente, tal como las pienso.

Siempre detesté el hecho de que idealistas como Lennon y tantísimas otras rockeras e intelectuales de su época -nacionales o internacionales- quedaran en la historia como meras utópicas rebeldes “aniñadas”, “soñadoras” y todo lo demás. Yo creí en su sueño de un mundo compartiendo la vida en paz, sin hambre ni guerras ni países, el mundo de la anarquía bien entendida. No me parece lógico ni creíble que la ser humana no pueda vivir en armonía, somos una especie sumamente inteligente y tenemos todo el potencial para lograrlo.

El software libre me devolvió la esperanza en la posibilidad social concreta de construir herramientas comunicativas de modo colaborativo, de colaborar de verdad con otras personas para mejorar nuestra vida: así construí Musix GNU/Linux junto con decenas de hackers a través de la red. La Agricultura Natural de Fukuoka me hizo ver que esto otro era posible en el plano alimenticio y medicinal.

Pienso que es tiempo de devolver a los movimientos sociales o, digamos, a aquellas personas que realmente quieran construir en los hechos un mundo francamente más libre y sano, la “utopía”, ir por todo de verdad, levantar la puntería, trabajar por objetivos supremos, construir un paraíso en la tierra: la izquierda tradicional marxista ha eliminado toda posibilidad de concretar una sociedad pacífica o libre y, yendo menos lejos, allí donde ha calado el nacionalismo o el populismo, el objetivo no ha sido mucho más que el de mantener pobres a las pobres (en un nivel de vida superior pero aún oprimidas y dependientes), y permitir que las ricas fueran cada vez más ricas (con la sojización y todo lo demás), no ha hecho mucho más que reproducir el sistema capitalista con todas sus relaciones sociales de opresión. Esto último no significa que el actual gobierno neoliberal del Pro en Argentina o los otros partidos derechistas que de a poco van copando posiciones en otros países sean mejores que el populismo, por el contrario, son una consecuencia lógica y nefasta que el sistema produce cada cierto tiempo.

Miles de activistas que se suponían “de izquierda” antes del Kirchnerismo, hoy en día parecen congeladas en actitudes de aceptación del “sistema” como única solución a la organización social. Fueron llevadas por el nacionalismo hacia un camino relativamente cómodo, modesto e incluso mediocre. Lo único bueno de tal ideología es que no pretende emplear las armas para la revolución, pero lo “único” malo es que no pretende ninguna revolución.

Me harté del ‘realismo’ de las nacionalistas y de aquellas que se conforman con un sistema de subsidios, de aranceles a la importación y toda la parafernalia de medidas para intentar calmar la voracidad de un sistema intrínsecamente injusto y criminal, mientras los hospitales y escuelas derraman decadencia.

Me ofende que pretendan reducir las ansias humanas de libertad y bienestar al “sueño” conformista de un empleo en relación de dependencia o de un negocio de subsistencia -en el mejor de los casos- donde, en cualquier escenario, el pueblo tiene que obedecer a sus gobernantes y llevar una vida tal como ellas pretenden, conformándose con un consumismo berreta que nos reduce a seguir las modas del mercado o pretender ser felices con chucherías, sin relación alguna con los ritmos de la naturaleza, sin sabiduría, una vida chata en una sola dimensión: consumidoras. Las tierras no fueron repartidas: el capital está intacto.

Pienso que necesitamos poner en marcha ya mismo los medios de producción básicos para la subsistencia, por fuera del sistema o hackeando los espacios: los árboles frutales y/o de hojas y semillas comestibles y/o medicinales son el mejor ejemplo de los medios que necesitamos para independizarnos de los grupos opresivos: estarán allí observándonos desde lo alto, brindando el alimento, la madera y el oxígeno necesarios para seguir “en la lucha”.

La aventura natural que supone intentar la soberanía alimentaria en base a hortalizas y sobre todo árboles frutales (y de hojas comestibles, frutos secos, etc.), me impregnó de un fuerte sentido de la utopía. Gracias a los textos de Masanobu Fukuoka comprendí que es posible en la práctica llevar una vida armónica con la naturaleza y al mismo tiempo aprovechar sus frutos para no depender exclusivamente del sistema económico y de sus relaciones sociales para alimentarme o sanarme. Si la sociedad tuviera la suficiente cantidad de alimentos para subsistir fuera del sistema, el activismo tendría otro impacto, las medidas de fuerza otra dimensión.

Este blog libre partió desde la linda idea de crear huertas y/o bosques de alimentos que me permitieran a mí, a mi familia, a mis amigas, conocidos y personas afines no depender de los sistemas económicos para conseguir algunas de las cosas más básicas de la vida: alimentos, medicinas, madera, sombra, reparo del viento, belleza, oxígeno. Producir ejemplos concretos, pruebas de concepto de espacios liberadores donde la naturaleza es la que brinda el alimento, sin mediaciones comerciales, políticas o industriales. Ha sido visto por 438.883 personas al día de hoy, con un promedio de 450 lectores por día, espero que sea útil a mucha gente más y que, si bien no todas compartirán mis ideales, al menos sepan por qué motivo HuertasUrbanas.com está aquí en la red de redes, en este entramado de software construido en gran medida gracias al utopismo de hackers softwarelibristas.

Así, mientras leía o veía a otras permacultoras como Geoff Lawton o Martin Crawford, sembraba y plantaba hortalizas y frutales, nuestro jardín, la quinta de mis madres, el campo de una amiga, la quinta de otra amiga se fueron poblando de especies nativas ridículamente insólitas para la región en la que vivimos, consideradas “novedades” solamente gracias al genocidio de nuestras antepasadas para con las nativas de Sudamérica.

Apenas cuatro años más tarde, nuestros patios frontales y traseros ya no son apenas paredes con pasto en el medio, sino pequeños montes frutales repletos de almendras, duraznos, pitangas maduras listas para comer, exquisitos perfumes de flores de sete capotes, pétalos de feijoa, limones y demás frutales nativas o exóticas con pimpollas, frutas y hojas comestibles: casi un centenar de especies creciendo en una huerta urbana, deleitándonos con sus aromas y sabores, haciéndonos saber que la naturaleza siempre estará ahí esperando el día en que nos liberemos de esta locura miserable en la que nos hemos hundido.

Algunas propuestas concretas:

conseguir, difundir, plantar, comprender y reproducir las especies necesarias para la soberanía alimentaria en nuestros ecosistemas, por ejemplo: chachafruto, macadamia, almendro, nogal, avellano, palta, algarrobo, quebrachillo, pitanga, guayaba, arazá, uvaia, feijoa, sete capotes, guabiroba, pacurí, jaboticaba, níspero, higuera, cítricos, moringa, tilo, chayote, etc. Todas ellas crecen bien en entornos urbanos donde las heladas son leves o nulas, aunque algunas como la moringa o la palta no son tan apropiadas para campos, descampados o quintas.

No restringir las plantaciones a lugares aislados y/o pequeños -al estilo de lo que hacen las ecovillas-: para que esto tenga impacto -no importa cuánto se tarde en verdad- debemos plantar árboles en cualquier lugar: jardines, plazas, veredas, descampados, etc.

No restringir el cultivo a árboles: si bien estos son superiores gracias a su longevidad y nivel productivo en espacios reducidos, es necesario dominar las técnicas para producir comida rápidamente, así que las hortalizas nunca deben ser desconsideradas.

Dejo abierto el debate.

Publicado originalmente en Huertas Hurbanas

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