¿Qué necesitamos las activistas?

Se sabe desde hace tiempo pero lo hemos confirmado gracias a Wikileaks, Chelsea Manning, Julian Assange, Edward Snowden… los poderes saben muy bien que la red es, desde la Primera Declaración de la Selva Lacandona o la Declaración de Independencia del Ciberespacio, la herramienta principal para la difusión de ideas liberadoras y de coordinación entre grupos en todas partes del mundo.

Lo saben tan bien que prácticamente todas las comunicaciones que se hacen en los últimos años por Internet están siendo almacenadas, analizadas y perfiladas en tiempo real. Si no lo saben hoy, lo pueden saber mañana gracias a la ayuda de miles de matemáticas.

Las noticias tremendistas y conspiranoicas abundan y todos los días nos hacen repetir mentalmente el poema de Bertolt Brech, aunque no haga falta. Desde el momento en que nos conectamos estamos siendo monitoreadas. Tal vez no sea una monitorización personal, individualizada, pero sí nos marca a todas y, para usar términos técnicos, configura nuestras actividades: “tal vez ya no puedo confiar en este sitio”, “si hago esto ¿a quién le va a interesar?”. O tal vez caigamos en el desdén “¿a quién le importa lo que yo hago?”. Las dos alternativas nos desmovilizan, nos desactivan.

Entonces, volviendo al título, ¿qué podemos hacer las (h)activistas? ¿Cómo podemos recuperar la libertad en el ciberespacio y seguir empujándola hacia el espacio de la carne? Douglas Rushkoff, en Retomando el Mundo concluye precisamente en esto, salir a retomar el mundo, retomar las relaciones personales no mediadas por una interfaz como Facebook. Recuperar el cooperativismo, la fraternidad y salir a las calles a festejar.

Es decir, salir a producir y producirse entre todas. Algunas auguran una unión entre las formas de producción cooperativas y las técnicas de pares que aprendimos y practicamos en el Ciberespacio, que serán capaces de cambiar el modo de producción hacia formas más libres, participativas, sin explotación.

Como decíamos en “Rompieron la Internet, ahora estamos construyendo una GNUeva”, hay un ciberespacio que sigue siendo nuestra y que hay que defender. En este momento, otras tantos miles de hackers y hacktivistas están desarrollando herramientas cada vez más seguras, distribuidas, de pares, que nos ayuden a seguir comunicándonos libremente.

Lo que necesitamos las (h)activistas no sólo es acompañar y unir los procesos que se dan en las calles, todos los días y sin parar, sino salir a enseñarnos entre todas cuáles son esas herramientas que se están desarrollando y que necesitan, por un lado que las utilicemos activamente, que las probemos y le encontremos los errores, no sólo técnicos sino también de usabilidad. La seguridad, hasta ahora que es urgente, ha tenido la fama autocreada de ser difícil de aplicar y de comprender.

Lo que tenemos que lograr es que la seguridad sea fácil de entender, divertida de usar y tan común que no se pueda pensar una computadora sin que sea segura. Pero no lo podemos lograr por el miedo sino por la solidaridad, desde el conocimiento en lugar de la conspiración.

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Nicolás Reynolds

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