Resistir la transformación del territorio en propiedad

El territorio ese escenario de tecnologías en disputa.

¿De qué hablamos cuando decimos territorio? ¿Porque no decir lote o propiedad?

Empiezo preguntando, porque creo que la mayoría de las lectoras confunden los conceptos, una confusión por otra parte alimentada por los medios del sistema capitalista.

Cuando hablamos de territorio, hablamos de una extensión de tierra que está ocupada por un conjunto de personas y ese lugar las transforma en comunidad. Un territorio es comunidad, una comunidad con pertenencia al lugar, un territorio pertenece a todas.

Un lote es la parcelación y mercantilización de un territorio, usurpado por los negocios inmobiliarios, esos grupos económicos que toman tierras con la complicidad de estados-socios con inversiones mínimas y los venden a precios exhorbitantes.

Una propiedad es todo lo contrario a territorio, es un lugar cerrado a la comunidad con dueñas que ejercen un uso unilateral de la tierra.
Si bien los conceptos son algo más complejos, creo que de esta forma se hacen más comprensibles a la mayoría de las lectoras, para comprender el resto del planteo.

Hoy vemos que nuestro país ha sido loteado y es vendido en cuotas por grandes grupos inmobiliarios, estos loteos van desde los territorios urbanos de las grandes ciudades, hasta los territorios campesinos en el interior.

En los últimos años, pudimos enterarnos del asesinato de campesinas para “limpiar” territorios del monte chacosantiagueño, o de indias tobas en el monte formoseño, o campesinas de las sierras, también nos han llegado las noticias de represiones con muertas en territorios urbanos del Gran Buenos Aires, Jujuy, Córdoba y Santa Fe.

Aquí en Rosario existen dos lugares emblemáticos donde se resiste de distintas maneras el avance del negocio inmobiliario uno es el antiguo territorio de las “cerealeras” en Francia y el Río, habitado por familias que hace más de cincuenta años residen en la zona, descendientes de las portuarias que se instalaron en ese lugar para estar cerca de sus labores. Eran hombreadoras que cargaban sobre sus espaldas las bolsas de arpillera con el grano o las pesadas cajas con repuestos y mercaderías.

Esas familias han sido desalojadas con engaños de reubicación, por un estado que propició el enriquecimiento de los grupos económicos detrás del negocio inmobiliario y por supuesto (sospecho) el enriquecimiento propio a costillas de todas las rosarinas. Hoy, queda sólo un pequeño grupo de familias que resisten el desalojo y la reubicación en Rosario Norte, las nuevas habitantes de ese barrio ABB frunce la nariz al ver desde sus ventanas las casas de ladrillos, chapa y madera, las montañas de madera, escombros y basura, los animales sueltos, pero fundamentalmente esas personas vestidas con gorrita. Lo que no dicen las funcionarias es que estas personas son dueñas legítimas de ese territorio por la ley de usucpacción o ventiañal, que esa ley sí es aplicable a los territorios fiscales, que justamente esos territorios no están como dicen las abogadas de la Muni Rosarina exentas de esta ley por estar fuera del mercado. Los motivos son dos esta ley de ocupación Ventiañal fue pensada para cubrir ese bache de la ocupación de territorios fiscales y no entrar en litigios de dueñas ficticias, segundo es el propio municipio quien las pone en el mercado, quitándonos territorios que pertenecen de última a todas las rosarinas.

El otro territorio es Nuevo Alberdi donde las militantes de Ciudad Futura (brazo político del Movimiento Giros) se han hecho fuertes defendiendo el no desalojo del Tambo La Resistencia, lucha que viene dándose desde hace diez años contra las administradoras del Barrio Privado Palos Verdes, con la complicidad de funcionarias rosarinas del variado espectro político rosarino y la policía con uso de la violencia y la amenaza permanente.

Poder avanzar sobre las siete hectareas del Tambo La Resistencia implica poder avanzar sobre un territorio aún mayor de 250 ha, toda la zona periférica rural de Nuevo Alberdi para convertirla en un nuevo Palos Verdes. Cuando se habla de Territorio se habla de esto de la lucha diaria de familias por no ser expulsadas de su lugar. Un lugar donde habitan, pero también producen, las constructoras e inmobiliarias que han convertido a esta ciudad en la Nueva York de la Pampa, arrancándonos nuestra vida barrial sin consultarnos. Tapándonos con sus edificios el sol, el viento del río, la intimidad de los espacios abiertos dentro de nuestras casas, hoy invadidos por las miradas de los balcones vecinos, quieren esos territorios para seguir avanzando sobre ellos. Son estas empresas las culpables de las nadies sin techo que duermen en las calles sin más pertenencia que un colchón.

En Argentina se está dando un fenómeno muy parecido al estadounidense y por las mismas causas el desaforado negocio inmobiliario, la transformación del territorio en propiedad.

En Nueva York existen ya 60000 personas sin hogar que viven en situación de calle, en Rosario aún distamos mucho de esa cifra ya que podemos contabilizar a nuestras personas en situación de calle en no más de mil, existen en toda la Argentina 15000 personas en situación de calle, pero contabilizando el aumento de la pobreza en estos 100 días de la Revolución de la Payasada en más de 1,5 millones y de la desocupación creciente seguramente esta cifra irá en paulatino aumento.

“La demanda y los planes inmobiliarios han hecho que un apartamento en Manhattan valga dos millones de dólares de media y el alquiler típico supere los 4.000 dólares al mes. La opción más barata, una habitación en un piso compartido (con ratones y radiadores prehistóricos), rara vez baja de los mil mensuales. Por eso, el neoyorquino gasta el 60% del sueldo en el alquiler, el doble de lo recomendado por el Gobierno para una vida sostenible. A esto se añaden los recortes sociales”. (http://pajarorojo.com.ar/?p=23477).

En Rosario la demanda inmobiliaria hace que un departamento en Rosario Norte va de $240.000.- a 1 millón de pesos de media y un alquiler típico en Rosario supere los $5600- con humedad, muchas veces sin gas o sea tenés que recurrir a la garrafa y el calefón eléctrico, lo que hace que muchas rosarinas usen del 60% al 70% de su sueldo en pagar el alquiler y muchas veces hasta el 80% sumando las expensas, por lo que el departamento propio se transforma en alquiler comunitario la mayoría de las veces y una afiliación obligada al veganismo para hacer rendir un sueldo inexistente, ante esta situación.

Los territorios aún existentes deben ser protegidos por las ciudadanas, y sus ocupantes, se deben urbanizar desde una mirada comunitaria con áreas productivas, bosques de alimentos, escuelas, lugares destinados a la salud y recreación y unidades habitacionales diseñadas y pensadas por sus habitantes según sus necesidades. Esa mirada del territorio irá a fortalecer la equidad de las habitantes de esta ciudad y otras de este país loteado, desalentando un negocio inmobiliario extractivo y excluyente que fortalece la desigualdad de las personas.

Pero, para lograr esto debemos ser todas detras de estos proyectos territoriales, lograr que nuestras funcionarias abandonen sus regalías y simpatías hacia el negocio, esa mirada territorial que tiene que ver con la propiedad y empiecen a soñar una nueva territorialidad vinculada a la sustentabilidad, los espacios verdes, la educación y la salud comunitaria, la recreación y la decisión comunitaria sobre el territorio.

Fuentes:
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-154542-2010-10-08.html

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Periodista, ex directora de algunos medios, ex docente, ex trabajadora, ex uberante. Productora musical, militante social, murguera, programadora, diseñadora. Hacker. @PabloLozano13

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