¡A vencer y vivir!

Las multimillonarias del agro ya no contribuyen a la educación, ni a la salud, ni al trabajo. Las multimillonarias de la minería, esas que derriten montañas para obtener minerales más útiles al consumo que al bienestar, ya no aportan a la educación ni a la salud ni al trabajo. Las personas que trabajan para todas ellas sí. Y ese dinero que se confisca a una persona por el mero hecho de tener trabajo no va a financiar el que no tienen las demás. Va a financiar las balas con las que hundimos buques chinos, las balas con las que se asesinan pobres, las balas con las que se silencia a las que sobran cuando sus espaldas no pueden ya cargar con más. Para las excluidas (esas que sobran a las marginadas), claro, no hay balas, pero tampoco hay comida ni trabajo, ni salud, simplemente volveremos a esperar que mueran, tal vez ante la poética de una lente apuntándolas en su camino a la muerte. Y nos dicen que es para un país mejor. Parece lógico, ¿no? Las multimillonarias no lo son justamente por distribuir sus riquezas, y hoy se nos pretende mostrar que sí, que en la medida en que las multimillonarias pagan menos impuestos, gastan ese dinero y generan trabajo. Allí tenemos un problema: el poder decide dónde gastar su dinero y el gobierno avala que esto sea de esta manera.

Cientos de miles de familias hoy no tienen de qué comer. Y a eso se le llama sinceramiento. ¿Será que el dinero con que vivían era imaginario? ¿Que los kioscos vendían pan recibiendo un poco de aire? No, ese dinero “imaginario”, ya no está porque permitimos que así sea. Y mientras tanto hundimos barcos chinos y traemos a la presidente del estado terrorista internacional por antonomasia, autor de atrocidades tan inimaginables como indefinibles, a decirnos que visitará la tumba de las desaparecidas. Cuánto horror, cuánta desazón ver cómo se pretende ladear la memoria viva al recuerdo, a la mera injusticia. Como si las dictaduras no tuvieran otra consecuencia. Como si la desaparición de una parte de una generación, el exilio de otra y la sumisión de la que se quedó no significaran nada en la vida de un país. Como si el terrorismo de estado hubiera tenido como destinataria sólo a las desaparecidas, como si no quedara terror en la vida de quienes sufrieron en carne viva la tortura, el vilipendio, la desaparición.

Ensimismadas, las militantes tradicionales, las que se fueron en el buque que revalorizó los partidos políticos cuando estaban ya enterrados, continúan discutiendo sus errores y mientras lo hacen, con ese vacío militante que produce la reflexión llorosa y lastimera con la que sus referentes se autoconsuelan, el gobierno hace.  Unas lloran la derrota del 22 de Noviembre, otras lloran la ausencia de las referentes, otras lloran con esperanza mesiánica la vuelta de su referente. El FIT se abstiene, y deja que vote la derecha en solitario (llena de PRO, UCR, PJ, FR y secuaces). Y no falta quien además reclama que le demos tiempo al macrismo para que haga más. Ningún tiempo para el gobierno que viene a destruir los derechos populares, las luchas que coyunturalmente -y con altísimos costos internos- avaló un gobierno en particular pero que nunca dejaron de ser luchas populares y sostenidas por los pueblos, que son los protagonistas de la historia y no sus referentes como se nos quiere hacer creer.

La espalda de la dirigencia a las bases no transforma la militancia en muchedumbre, así como la espalda de un gobierno al pueblo no convierte marchas en corsos.

La espalda de la dirigencia a las bases no transforma la militancia en muchedumbre, así como la espalda de un gobierno al pueblo no convierte marchas en corsos. Los pueblos, las personas, nadie, le debe nada a ningún gobierno, ni hoy, ni antes. Allí donde faltan derechos, allí donde no pueden ejercerse, es deber popular y de la organización social que nos damos intervenir en favor de quienes se encuentran desempoderadas para conveniencia de las dos o tres que tienen la sartén por el mango.

Nada pueden hacer las torturadas frente a la torturadora que no sea esperar sobrevivir o morir, si ya no se aguanta. Allí la vida es resistencia, “vivir a propósito”, porque la batalla llegó a ser tan mínima que permanecer con vida fue y es lucha. Este 24 de marzo nos encuentra desorientadas, tal vez más de la cuenta. Nada nuevo nos complica. Allí están las oficialistas de siempre, avaladas por las de siempre, llevadas allí por las de siempre, y están las opositoras de siempre, avaladas por las de siempre, llevadas allí por las de siempre. Y están las pseudo zurdas de siempre, que hoy tienen más sillas que abandonar para que la ultraderecha y sus acólitas (opositoras u oficialistas) puedan desplegar sus medidas con tranquilidad. Y nosotras debemos seguir como siempre: resistiendo, luchando, tomando la calle, peleando por todas, porque esa a la que desemplean y reprimen no es otra que nosotras mismas con una suerte distinta, porque esa que desemplean y reprimen no es otra que nuestra hermana, nuestra hija, nuestra compañera. Porque esa que ya no podrá jubilarse porque su patrona la tuvo siempre en negro, no tiene voz y sufre la condena de haber vivido y no haber muerto joven, de haber sobrevivido la vida útil de la maquinaria y ser llamada “pasiva”, porque para las perversas de la sartén las personas sólo viven mientras pueden producir para llenarles los bolsillos, lo demás es prepararse para la punta de la vida que nos esté tocando: crecer o morir, lo mismo da porque a nadie preocupa la vejez de su martillo si no es para reemplazarlo.

Hoy, no debemos dejar -ni debimos antes- que sea el gobierno el que delibere y gobierne a través de sus representantes.

Por las 30.001 detenidas y desaparecidas, por las ex presas políticas, por nosotras, por nuestras/sus familias, por cada lágrima que se derramó ante una injusticia, este 24 de Marzo tiene que encontrarnos juntas, marchando al grito de libertad, con la sonrisa y la alegría de la subversión, de la disputa a la poderosa, de la construcción conjunta y recíproca en un contexto de desaliento, desesperanza y amedrentamiento, la rebeldía de la piedra de la niña palestina que golpea el tanque sionista que viene a derribar lo poco que la contiene.

Por un mundo en el que quepamos todas, por Memoria, Verdad y Justicia. Porque se podrán ir todas las abuelas, todas las madres, todas las ex presas, pero el pueblo que laceraron seguirá bregando por ellas, porque somos todas, porque somos la vida que llevamos puesta. Podrán partir pero no dejarnos, podremos partir pero no dejarlas.

Por eso marchamos hoy: porque un mundo mejor no es una utopía sino una necesidad.

¡A vencer y vivir!

¡30.001 compañeros y compañeras detenidas desaparecidas! ¡PRESENTES!

¡Todas a las 18 al kilómetro 0!

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Periodista, ex directora de algunos medios, ex docente, ex trabajadora, ex uberante. Productora musical, militante social, murguera, programadora, diseñadora. Hacker. @PabloLozano13

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