Preocupantes datos detrás de las estadísticas de muertes en selfie

Resulta complicado explicar el concepto de selfie, y seguramente revista un análisis más serio, más profundo y basado en otras teorías que lo que pueda hacerse desde aquí. Pero digo sin ninguna pretensión de brindar más que lo que ya se conoce, que la selfie seguramente sea una manifestación ante las frustraciones que produce la realidad en la que vivimos.

Si lo pensás, una selfie es en realidad la foto de alguien que quiere retratarse realizando una determinada acción. Siempre que hay una, no está allí la voluntad de retratar un momento, de dejar una constancia de un suceso, de una denuncia, de todas esas cosas que se hacen en las fotos -tradicionalmente y en Argentina, porque no podría hablar de otros países con certeza, pero asumiendo que todas somos humanas, tal vez pueda pensarse en más de un país- sino de mostrarse a una misma haciendo una determinada cosa.

Los gestos están por lo general vinculados al éxito y la pertenencia que se tenga a un espacio del que se pretende ser parte. Algo interesante, es que la mayoría de las personas cuenta hoy con aparatos que de diversas maneras permiten obtener autofotos digitales de manera relativamente sencilla y por lo general instantáneas. Esto hace que podamos tomar la autofoto como una veta para analizar el comportamiento de determinados grupos.

Para analizar una, al menos quien escribe, tiene en cuenta el lenguaje corporal que tienen las personas que la componen. La mayoría está haciendo gestos de éxito, y esto no es menor, ya que el éxito es una de las razones por las que transformarte en una protagonista de la sociedad, en una integrante del reparto, o bien en la gente que existe en el universo en que se desarrollan determinados hechos, pero no participa de la película, ya que esos hechos no son los que se considera muestras ni garantías de éxito. Es decir: gente que sabemos que está, pero no es enfocada por la cámara y no tiene ninguna relación con la foto en particular. Sólo existe teóricamente en otros lugares. Aquí, aunque yo no tenga nada para comer, sólo hay éxito y mis pulgares lo confirman.

Para no caer en el sector de gente que “sólo existe”, muchas intentan mostrarse exitosas y el concepto de éxito y su cumplimiento está íntimamente vinculado al entorno en que se participe o pretenda participar. Así es que si de pronto el éxito -y en consecuencia la pertenencia a la sociedad- está determinado por desafiar el instinto de supervivencia o poner en riesgo la vida de alguna manera que sólo dependa de nosotras (como colgarse con el dedo meñique de un acantilado y tomar la foto con los dedos restantes de la mano de apoyo mientras saludamos con la otra para que parezca que volamos). Hay miles de factores. La gente se muestra fundamentalmente con productos de consumo (sobre todo comida chatarra, que es mostrada como una pequeña incorrección cotidiana vinculada al gusto), con vehículos, con distintas famosas y un largo etcétera, pero lo fundamental es que la cámara no sea sostenida por nadie más, sólo estamos nosotras allí, que además de mostrarnos de esa manera que tanto llama la atención, sacamos la foto. Somos todo lo posible en una selfie.

El análisis debería ser más largo, pero quedará para otra nota. Porque lo anterior es un simple marco para invitarte a repasar las estadísticas de muertes sucedidas al tomarse una selfie. Estas muertes no son “por” sacarse una autofoto, sino “al”, ya que la selfie no mata, lo que mata es la conducta de las personas.

La red está plaga de filmaciones y fotografías que sus autoras han tomado segundos o durante su muerte, con algunas excepciones en las que la foto se tomó de manera posterior a la muerte y otras en que producto de que quienes estaban filmando acababan de morir, además de dejar registrados sus últimos momentos, lo está la reacción y actos de todas esas personas que no estaban participando pero atestiguan lo sucedido.

Lo macabro aquí no es la muerte, sino la cantidad de muertes durante una selfie y el motivo de la selfie. Son tantas en el globo que ya se tienen estadísticas. Es grave, ¿no? A nivel global no representan un número significativo de las muertes que se producen al año, pero sí son suficientes como para elaborar este tipo de estadística, y eso es preocupante. Lo espeluznante es que además, como no podía ser de otra manera, alguna imbécil se pregunta si el sexo y la edad de las personas tienen algo que ver con esas muertes. Digo imbécil, porque se trata de dos de las preguntas más trilladas de la historia de la humanidad: reproducirse y vivir, llevadas desde un concepto darwinista, que a la postre es irrelevante. Lo mismo da tener pene o vagina y el uso que le demos antes y después de morir, o si amamos/preferimos/deseamos/loquefuera a una persona de nuestro sexo o de otro.

¿Cuánto más imbéciles/inteligentes son/somos los/las hombres/mujeres que las/los hombres/mujeres? ¿Para qué servirá medir eso? Aquí no tenemos idea. Pero muestran resultados: La mayoría de las muertes en ocasión de selfie (73.5%) tiene a los hombres como protagonistas. Si miramos la tabla de edades, el mayor porcentaje (27%) está en la franja de los 21 años, siguen los 20 (11%) y los 19 y 23 empatados en el 9%. Ninguno de estos datos significa que si tenés esa edad y protagonizás algún imprevisto en una situación riesgos vayas a morir, quedate tranquila.

La autora del estudio es Priceconomics (lindo nombre, ¿viste? Los conceptos de “precio” y “economía” parecen muy serios para medir edades y sexo de la gente que muere durante una selfie), la base específica es de las muertes que se produjeron durante 2014. Ahora el número total: son 49. Así que no tenés tanto de qué asustarte, pero sí es importante pensar qué estamos mostrando cuando nos tomamos una selfie. ¿Qué pretendemos decir? ¿Por qué ya nadie quiere que le tomes una foto sino que quiere tomársela a sí misma aunque la foto sea de una calidad notablemente menor a cuando no es selfie? Todos los días definimos qué es el mundo para nosotras y actuamos en consecuencia. Si vos un día dejás de tomarte fotos con la hamburguesa de todos los días que mostrás como si fuera algo prohibido, y notás que no hay nada de prohibido ni revolucionario en comer 20.000 calorías en menos de 10 minutos, o que tus amigas pueden tomarte fotos con un dron o lo que fuera mientras arriesgás la vida y que perderla no es signo de estatus ni heroísmo, vas a notar también que el mundo lo decidís vos y lo más importante, es que alientes a otras personas a notar que efectivamente es así, que el mundo lo definimos todas todos los días.

Dejar de actuar de esta manera, lleva a cosas bastante interesantes. Una de ellas es dejar de pretender que el éxito sea una razón para vivir, pertenecer, ser respetadas, amadas, populares y un mar de cosas similares. ¿Es malo el éxito? No, pero si es un objetivo en la vida, y el sistema plantea que el éxito es económico o no es, entonces tener éxito no es más que acumular el dinero que otras personas no tienen, simplemente porque lo tenés vos. Y vos, que estás constantemente camino al éxito, sos quien sustenta la estupidez de que “querer es poder”, o que “con mucho esfuerzo” y situaciones afines que redundan en consuelo, en una suerte de galleta que se toma por postre producto de la propia pobreza, en una razón para conformarse. Sos la prueba, de que es cierto que el sistema funciona. Cuando lo cierto es que el sistema funciona de esta manera, no de otra.

La selfie es sólo la prueba de que vos también sos parte de la sociedad, y que estás preocupada por hacer las cosas bien, el problema, no son esas búsquedas, a todas nos gusta que nos vaya bien, hacer las cosas bien, ser queridas y situaciones afines. El “pero” está en fomentar socialmente la idea de que el éxito no está vinculado a la felicidad y satisfacción personal de cada persona en el mundo, sino a las posibilidades de ser, parecerse o mostrarse como aquellas que tienen el poder que nos han negado a las otras. Sumir al resto del mundo, jamás puede ser muestra de éxito.

Es nuestra tarea cambiarlo. Si durante, querés ver la estadística completa, aquí podés hacerlo.

¡Happy Hacking!

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Periodista, ex directora de algunos medios, ex docente, ex trabajadora, ex uberante. Productora musical, militante social, murguera, programadora, diseñadora. Hacker. @PabloLozano13

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