Una app para adaptar un smartphone para adultas mayores y niñas

El concepto occidental de que una persona debe pasar a retiro (jubilarse) cuando ya no puede soportar el mismo esfuerzo ni la misma jornada que otra más joven me parece fascista. Sí señora, estoy diciendo que jubilar personas me parece fundamentalmente fascista. Una cosa es plantearse que una -a determinada edad merece un descanso- o incluso que trabajar no tiene ningún sentido y en consecuencia nadie debería hacerlo -cosa con la que estoy de acuerdo, trabajar es inherente al capitalismo occiental, porque la explotación lo es- pero algo muy distinto es decirle a una persona que no sirve y que por es debe pasar a retiro. Igual que unas zapatillas gastadas.

No, no estoy pesimista, pero tal vez no te hayas puesto a pensar que para el capitalismo y para el estado, al igual que las cosas, las personas tenemos una vida útil y una obsolecencia programada. Esto, obviamente, no se mide a nivel social sino a nivel de rentas y riesgo. Lo más barato para las empresas es jubilarte, porque disminuye el nivel de riesgo y aumenta la rentabilidad a largo plazo, entre otras jugosas variables. De esto se trata cuando en el trabajo te dan tiempo para almorzar o para dormir la siesta: productividad. Google, conocido como uno de los mejores centros para trabajar, brinda estas posibilidades por motivos económicos, no porque sean “buenas personas”.

Lo mismo sucede en la otra punta de la vida: la niñez. Tal parece que la vida es un proceso productivo y el sistema una forma de cultivarnos, por lo que en la niñez tenemos diferentes instancias (siempre ocupando un rol pasivo en la sociedad) de crecimiento que van a configurar a la postre una persona en condiciones de ser explotada al máximo. Esto se mide, claro, desde conceptos positivos, porque todas tenemos amor a nuestras seres queridas, por lo que si aparece el estado y en lugar de hablar de las futuras ciudadanas, habla de las futuras integrantes de la maquinaria capitalista global, seguramente le resulte inaceptable a más de una de nosotras.

Como no podía ser de otra manera, niñas y adultas mayores, esa gente a la que hemos tirado en un costado de la sociedad porque ya no puede generar ingresos para sus patronas, también son un mercado, por lo que hay toda una serie de gadgets para que ellas consuman, porque ya que no producen dinero para las patronas de las mismas formas que la gente a la que consideramos activas, al menos deben generarlo consumiendo.

Todo lo anterior produce que para muchas personas, vivir una larga vida sea una forma de tortura. Digo lo anterior con el objetivo de colaborar con la conciencia de la total injusticia que significa esta situación. Me resulta frívolo hablar en este contexto de una app para un smartphone. Hay adultas mayores que viven en la calle, lo cual en sí es una tortura, por lo que hablarte de una app para mejorarles la vida es risible. Pero resulta que hay adultas mayores que han tenido suerte y no tienen grandes problemas, y otras a las que el tener un teléfono les ayuda a estar cubiertas ante emergencias y necesidades varias de la vida adulta.

Hay gente que desarrolla apps como la de hoy que tienen por objetivo hacer la vida más fácil a muchas personas, especialmente para aquellas que tienen algún problema de vista. El mundo de los smartphones resulta complejo para cualquier persona que haya interactuado con una computadora, por lo que para muchísimas personas es simple e intuitivo, para otras es muy difícil de comprender, porque no cuentan con el bagage ni los conocimientos empíricos que los teléfonos inteligentes dan por sentado.

Así es que una persona mayor puede comprender perfectamente lo que es una “agenda”, pero no qué significa tener un “contacto” en la agenda, porque no han incorporado la idea de que alguien pueda ser un contacto. Te pongo ese ejemplo por simple, pero es bastante complejo. Una abuela que nunca necesitó internet, difícilmente comprenda para qué necesita un paquete de datos, y un smartphone sin paquete de datos es… sólo un teléfono (¡puaj!).

Los celulares tradicionales son más sencillos de utilizar, porque no presuponen nada, son poco más que un inalámbrico con una o dos funciones que además son optativas. El tema del uso y del tamaño de los botones e íconos en un smartphone complican la vida sobre manera a adultas mayores y a toda persona que no haya interactuad con una PC (sí, a las más chiquitas también, porque nadie “nace sabiendo usar la computadora”).

La app de hoy está orientada a proveer de una mejor experiencia a quienes quieran disfrutar de un smartphone sin la molestia de encontrar un camino en el universo complejo de los smartphones. Wiser, tal es el nombre, es una forma de camiar toda la interfaz gráfica del teléfono por una más amigable y más simple. Lo hace a partir de quitar de en medio las opciones de configuración y similares que según estudios -que dicen las desarrolladoras que han llevado adelante durante la programación- terminan por confundir a personas que no han interactuado antes con estos aparatos.

Como con cualquier launcher, sólo hay que instalarla y ponerla como lancuher predeterminado (cosa que hace dando al botón “siempre” que aparecerá luego de la instalació). Vas a ver que la pantalla de inicio se torna en algo más simple y podés elegir directamente entre opciones tradicionales como llamar, contactos, enviar mensajes, abrir la cámara, ir a la galería de imágenes o abrir el panel de aplicaciones.

Los botones que incluye Wiser son botones grandes, lo que facilita también su visibilidad y pulsación.

En fin, tal parece que los celulares tradicionales están llegando a su fin, pero en caso de que la tendencia se mantenga, el hecho de tener un smartphone ya no tiene por qué ser un karma.

Dale una probadita.

¡Happy Hacking!

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Periodista, ex directora de algunos medios, ex docente, ex trabajadora, ex uberante. Productora musical, militante social, murguera, programadora, diseñadora. Hacker. @PabloLozano13

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