Transgénicos: el árbol de la hamburguesa

Desde hace un tiempo las que luchamos por la transparencia y la libertad que implica saber qué comemos, qué hace tal cosa en nuestros cuerpos y en nuestros ambientes; somos derrotadas por el cabildeo de las grandes corporaciones.

¿Qué es un OGM?

Los Organismos Genéticamente Modificados son vegetales o animales a las que se le manipuló su ADN para lograr determinadas características a través de metodos de Ingeniería Genética. Esto puede apuntar a lograr mejoras en los cultivos o, como se ha hecho aquí en Argentina, lograr que una vaca de leche con las características de la leche materna humana.

Tal vez, cada vez que decimos “transgénicos” lo primero que pensamos es en soja; pero la realidad es que mucho de lo que consumimos está basado en transgénicos, algunos porque contienen OGM en sus ingredientes (como el aceite de maíz) o directamente son un OGM (como el tomate larga vida).

Organizaciones como la FAO (Organización para el Alimento y la Agricultura); o la OMS (Organización Mundial de la Salud), entre muchas otras han certificado que los OGM no son perjudiciales a la salud humana, contrariamente a lo que dicen ecologistas y organizaciones campesinas. Pero no han liberado las investigaciones para analizar su validez. En el video que agrego al final de la nota podrán ver la metodología de las FAO para certificar que un alimento no nos daña y, al menos a mí, me genera grandes dudas.

Como les decía, hoy los OGM que consumimos están integrados entre otros por maíz, soja, “bocadillos” (papas fritas, palitos salados, Etc.), bebidas y dulces. O sea cada vez que te llevás algo a la boca estás introduciendo un alimento del que básicamente se esta debatiendo si daña o no nuestro organismo. ¡El 90% de lo que consumimos es transgénico!

Por eso las legisladoras norteamericanas lanzaron una propuesta para que las empresas etiqueten sus transgénicos: la llamada “Iniciativa 522″. Esta propuesta, de haber triunfado, habría obligado a todas las multinacionales a colocar una etiqueta advirtiendo que se estaba consumiendo un alimento transgénico y qué contenía este. Esto es un derecho que tenemos, la posibilidad de saber qué nos están dando para nuestro alimento.

Hoy por hoy, los transgénicos están en debate, las organizaciones globales y las multinacionales por un lado diciendo que no dañan la salud, con sus estudios y desarrollos patentados y secretos; y por el otro las organizaciones sociales dando sus propios estudios que por lo menos insertan la duda sobre los daños a la salud que producen estos alimentos y sus vinculaciones con el negocio de las farmacéuticas.

A esta propuesta se opusieron las corporaciones como Pepsi-Co Inc, Coca Cola, Monsanto, la GMA (Asociación de fabricantes de alimentos); haciendo un muy fuerte cabildeo y una campaña muy movida en los medios norteamericanos, paralelamente al Obama Gate donde se movieron 22 millones de dólares.

Entre las incoherencias de la campaña, se planteó que un alimento procesado no puede definirse como natural. Por procesados se comprende a aquellos productos realizados a partir de materias primas agrícolas han sido sometidas a un proceso de para su comercialización: molienda, fermentación, congelación, cocción, enlatado, etc.

Un ejemplo para que me entiendan; las corporaciones plantearon para desacreditar la I522 y la producción campesina, que productos como las almendras saladas o el puré de manzanas enlatado, no puden lucir en su etiqueta el término ‘natural’, a pesar de que no fueran alimentos modificados genéticamente.

Finalmente el 5 de noviembre de 2013 se realizó la votación y por 95000 votos la I522 fue derrotada. O sea: las consumidoras, en esos raros momentos históricos que nos cuesta entender; fueron convencidas por la fuerte campaña corporativa y terminaron beneficiando a esas corporaciones, votando en su propia contra.

El ‘No’ obtuvo 730.968 votos (52’95%); mientras que el ‘Sí’,se llevó 649.569 votos (47’05%). Esto sucedió en Washington; aún quedan 24 estados, y quienes luchan por el derecho a saber de los alimentos, aseguran que es sólo una batalla, todavía queda mucho por hacer, como hemos indicado, van a centrar sus esfuerzos en otros Estados.

En Argentina la iniciativa por el etiquetado de transgénicos es impulsado por la diputada Soledad Martinez (PRO) y su par Jorge Cardelli (Proyecto Sur), que fue presentado por tercera vez hace unos meses (en 2010 lo presentó sólo la diputada Martinez (PRO) y no fue tratado y fue re presentado en 2013). El proyecto de ley obliga al etiquetado de alimentos OGM o productos que contienen transgénicos, “porque las consumidoras tienen derecho a elegir lo que comen”, señala Soledad Martinez (PRO): “El presente proyecto está orientado a resguardar y garantizar la plena vigencia de los derechos constitucionales previstos en los antes mencionados. Pretende brindar una información adecuada y veraz a la ciudadanía que día tras día compra y consume, sin saberlo, alimentos producidos o que contienen organismos genéticamente modificados” .

Detrás de la No transparencia están Corporaciones como Pepsi, Coca Cola, Nestle, General Mills, ConAgra Foods, Campbell Soup Company, Hershey Company, Kellog’s y la compañía J.M. Smucker, las cuales aportaron cientos de miles de dólares para la campaña.

Estas empresas dicen que etiquetar les traería costos que elevarían los precios. Las organizaciones y defensoras de la libertad y el conocimiento sostienen igualmente que para elegir debemos saber. Si no hay conocimiento, no se elige, en realidad estamos secuestraas por las grandes corporaciones. Sólo consumimos aquello que se nos da en un lindo paquete.

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Walter

Defensora del software libre y el No a las patentes desde 1995. Usuaria de MUSIX-UTUTO-DRAGORA. Miembro de LUNAR (movimiento de software libre argentino disidente de SOLAR). Haklab Barracas. Creadora del Proyecto Hackuelas. Escritora de Ciencia Ficción y de Historias Sociales. http://galleguindioramirez.es/

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