Soja: La semilla maldita

La soja RR transgénica al servicio del imperio.

Cuando viajo a Córdoba con mi familia desde Puerto Madryn, mi lugar de residencia, vemos mares de soja al costado del camino. Donde había girasol hay soja, donde había maíz hay soja, donde había vacas hay soja, y lo más llamativo es que el cartel Roundup se repite como publicidad colgada de los alambrados de los campos. Siendo sureña de nacimiento, el verde es algo que siempre me gusto, imaginen que vivo en la Patagonia costera Atlántica, lugar árido por definición donde para que un árbol crezca hay que regarlo y mimarlo mucho.

Viendo ésto, comenté ¡Che, me están cambiando los asados por yuyo verde!, la respuesta fue inmediata “las gringas del campo se están llenando de guita con esa soja transgénica que rinde un montón”. No podía creer lo que escuchaba parecía salido de una película de ciencia ficción, el mar verde era un producto de laboratorios foráneos.

¿Qué significa que un alimento sea Transgénico?

“Los alimentos transgénicos son aquellos que fueron producidos a partir de un organismo modificado genéticamente mediante ingeniería genética. Dicho de otra forma, es aquel alimento obtenido de un organismo al cual le han incorporado genes de otro para producir las características deseadas. En la actualidad tienen mayor presencia de alimentos procedentes de plantas transgénicas como el maíz, la cebada o la soya.” – Wikipedia

 

¿Qué es la soja transgénica?

Básicamente, en el caso de la que se utiliza en Argentina, es una variedad modificada para soportar algunas plagas nativas y sobre todo un herbicida llamado Glifosato.

La soya RR (Roundup Ready) o soja 40-3-2 es una variedad resistente al herbicida glifosato. Su comercialización fue admitida por primera vez en 1996 en los Estados Unidos.
Utilizando un gen de resistencia a este herbicida proveniente de una bacteria del suelo (Agrobacterium) y por medio de transgénesis, se obtuvieron las primeras plantas de soja resistentes a glifosato, denominadas evento 40-3-2. A partir de tal evento, se obtuvieron decenas de variedades de soja que manifiestan idéntica resistencia. El glifosato actúa en todas las especies vegetales inhibiendo la actividad de las enzimas que sintetizan los aminoácidos aromáticos. Estos aminoácidos son necesarios en la fotosíntesis y por ello las plantas al no poder sintetizarlos mueren o frenan considerablemente su crecimiento. La soja transgénica puede resistir al glifosato porque posee una enzima proveniente de bacterias que también sintetizan aminoácidos aromáticos, pero estas enzimas provenientes de bacterias resisten la aplicación del glifosato. Por ello, al aplicarse glifosato sobre un cultivo de soja en crecimiento se secan las malezas y continúa creciendo el cultivo de soja sin verse afectado. “ – Wikipedia

Ahora que conocemos esta historia de lo transgénico, analicemos por qué, en general, las productoras eligen este producto de la ciencia, a semillas con siglos de selección regional realizada por las campesinas productoras.

La respuesta es muy sencilla: la producción se mide en toneladas, que se traducen en dinero, y la semilla transgénica a pesar de tener que comprarla para su cultivo y no poder reutilizarla para cultivar nuevamente, sigue rindiendo mucho más que la criolla por hectárea y en una sociedad donde el éxito esta medido por la riqueza material, no importa si destruimos el medio ambiente o si se produce algún tipo de afección a campesinas, lo importante es maximizar la cosecha con el menor esfuerzo económico posible, sin emplear gente que “complica” la maniobra, y matando todo bicho o yuyo que molesta.

Hoy una gran parte del cultivo de soja argentina es transgénico, es decir que dependemos de empresas extranjeras para producir uno de los productos que más exporta el país.

La contracara preocupante de este nefasto y genocida negocio es la Salud. En enero de este año se publicaba en un articulo de olca.cl un informe de la cátedra de Alergia e Inmunología del Hospital de Clínicas de la Universidad Nacional de Córdoba, donde se asocia el 51% de la población de Alta Gracia con afecciones provocadas por el uso de agroquímicos vinculados a semillas transgénicas.

La siembra directa y el monocultivo demanda el uso de herbicidas desarrollados para el transgénico en cuestión produce la desertificación, desgaste y agotamiento del sustrato, compactación de la tierra, disminución del nitrógeno, y destrucción de la vida bacteriana. Esto sumado a la falta de laboreo de la tierra y la aparición de los pooles de siembra, terminan siendo un cóctel explosivo para la micro economía del lugar produciendo migraciones de campesinas que están sin trabajo a las grandes ciudades.

Para mostrar el real alcance de la soja transgénica en la economía podemos citar de Adital lo siguiente: “La plantación de organismos genéticamente modificados (OGM) está poniendo en riesgo la producción y comercialización de miel en México. Hace pocos días, Alemania, principal compradora de la miel producida en el estado de Yucatán, solicitó la realización de tests de laboratorio para asegurar la ausencia de OGM en el producto. Lo anterior sucedió porque el Gobierno Federal autorizó a la empresa Monsanto a sembrar 30 mil hectáreas de soja transgénica en Campeche, Yucatán y Quintana Roo. La postura de la Unión Europea fue de rechazar la miel de Campeche. Después de la solicitud de análisis de laboratorio por parte de la Corte de la Unión Europea para probar la presencia de transgénicos, cerca de 40 toneladas del producto fueron rechazadas, aún antes que las pruebas hayan revelado los resultados. México ocupa el tercer lugar en las exportaciones de miel a nivel mundial. En el Estado de Yucatán, 16 mil apicultoras son responsables por el 40% de la producción de miel a nivel nacional. Ante esta situación, el país corre el riesgo de que los mercados se cierren.”

¿Cuánto tiempo va a pasar para que nuestra soja transgénica produzca el suficiente daño como para no tener la posibilidad de volver a plantar soja criolla, o mejor, rotar cultivos como lo hacían los pueblos originarios que cuidaron el medio ambiente y supieron convivir en armonía con la naturaleza?

¿Cuánto daño en pos de este capitalismo salvaje que vivimos permitiremos que sigan haciendo las multinacionales a la tierra que nos prestaron nuestras hijas?

¿Cuánta corrupción más vamos a permitir de nuestros gobernantes que permiten con leyes a medida el cultivo de estos engendros de laboratorio?

Bueno, como ven todo depende de nosotras…. en realidad de los dueñas de la tierra, que en general no son quienes la trabajan.

Espero haber echado un poco de luz a este tema de los alimentos genéticamente modificados, en especial la soja de Monsanto, de la cual tanto se habló durante este tiempo.

Les dejo un video muy bueno para que lo vean y puedan sacar sus propias conclusiones.

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