Un reality para mostrar los efectos de transgénicos

Durante el año 2013 un estudio francés demostró la incidencia del cáncer en ratonas alimentados con maíz transgénico. Surgió entonces un grupo de investigadoras rusas que se dispuso a realizar su propio experimento para confirmar esta demostración; pero pretendió hacerlo con un plus: llevarlo a cabo en un circuito cerrado online durante las 24 horas. Por lo que diseñaron una metodología que termine ajustando los protocolos de seguridad para que se garantice la objetividad científica.

Se trata de investigadoras de la Asociación Nacional para la Seguridad Genética (NAGS). Este grupo de investigadoras rusas resalta la necesidad de que este conocimiento sea público y que, al ver el proceso por el que se llega a las demostraciones científicas, puedan decidir si creen o no en esas conclusiones.

Por eso se ha diseñado un ámbito de experimentación donde las jaulas serán permanentemente monitoreadas las 24 horas del día durante toda la duración del experimento. Este experimento consistió en realizar una muestra; dividiendo a las ratonas en grupos y alimentando a cada grupo de forma diferente.

El planteo actual es:

El primer grupo será alimentado con soja y maíz con niveles altos de OGM (organismos genéticamente modificados), podríamos pensar en los productos de Monsanto, Dupont o Syngenta, aunque el grupo no lo aclara.

El segundo grupo será alimentado también con soja y maíz pero con un índice bajo de OGM para comprobar si realmente puede haber un mejoramiento del grano no nocivo.

A un tercer grupo se lo alimentará con grano criollo sin OGM de ninguna clase; para ver si hay diferencias sustanciales con los otros grupos.

Existirá también un cuarto grupo alimentado con comida para ratonas (alimento balanceado), para ver si la manufactura de los cereales aplicados al alimento son beneficiosos al organismo.

Recordemos que lo que se hace sobre estas ratonas puede hacerse sobre nosotras mismas.

Como ya dijimos, se diseñó el experimento para lograr niveles altos de objetividad. Estaba programada la investigación para marzo del 2013. Fue en parte en base a los datos obtenidos por este estudio, que está aún perfeccionándose. En el proyecto participaron científicas pro transgénicos y anti transgénicos y se invirtió más de un millón de dólares. Actualmente ha derivado en otros experimentos más complejos para ver la verdadera necesidad de OGM en los alimentos.

«Es preciso prohibir los OGM en el país e imponer una moratoria de 10 años. Durante este tiempo, mientras los OGM estén prohibidos, se pueden planear experimentos, pruebas, y pueden introducirse nuevos métodos de investigación», dijo en una entrevista a la agencia rusa Interfax, Irina Ermakova, vicepresidenta de la Asociación nacional de seguridad genética.

Rusia había suspendido temporalmente la importación de maíz transgénico de la multinacional Monsanto tras la publicación de un estudio francés que demuestra cómo un grupo de ratas alimentadas con una variedad de maíz transgénico desarrolló tumores y presenta una elevada tasa de mortalidad.

Ahora avanzó hacia una suspensión de 10 años.

China devolvió a EEUU 545 mil toneladas de maíz transgénico tras encontrar una cepa genéticamente modificada no aprobada por el Ministerio de Agricultura del gigante asiático.

Se trata de doce lotes de maíz transgénico MIR-162 importado de EEUU que no recibió la aprobación del ministerio chino de Agricultura. El organismo detalló a través de su sitio de internet que debido a este hecho la carga fue rechazada y devuelta a EEUU, así como también instó a Washington a “reforzar sus medidas de control”.

Mientras, aquí somos reprimidas para afianzar a Monsanto y sus socias.

Seguimos los pasos de las multinacionales europeas que -como forma de resistir el embate ciudadano contra los OGM- han desarrollado la tecnología TRUG (Tecnología de restricción del uso genético), que hará posible crear «semillas suicidas», algo que me da miedo y algo de risa.

O el más temible “Proyecto Transcontainer “ (subvencionado por la Unión Europea) que pretende reemplazar esta semilla con propiedades suicidas, y construir una semilla que se transforme en una semilla “Zombie”, con posibilidades de recuperar su fuerza germinativa por medio de una nueva Tecnología de Extirpación de genes, denominada “Exorcista”.

Esto significa, que si una agricultora quiere sembrar una semilla hecha por ella misma a partir de una semilla transgénica comprada el año anterior, deberá pagar a la Industria farmacéutica por la patente y «por aplicar la tecnología “Exorcista”, para recuperar la vida de aquella semilla medio muerta, obtenida de segunda generación.

Más info

http://www.somloquesembrem.org/index.php?id=33&hover=14
http://www.wageningenur.nl/

 

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Walter

Defensora del software libre y el No a las patentes desde 1995. Usuaria de MUSIX-UTUTO-DRAGORA. Miembro de LUNAR (movimiento de software libre argentino disidente de SOLAR). Haklab Barracas. Creadora del Proyecto Hackuelas. Escritora de Ciencia Ficción y de Historias Sociales. http://galleguindioramirez.es/

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