La libertad y las hipócritas

Esta nota es para vos, que no te importan las cosas que “no te afectan”.

El tema de la libertad puede parecer una cuestión irrelevante cuando se lo lleva a temáticas que no nos asfixian “directamente”, que no van a significar nuestra muerte o no van en nuestro desmedro de una manera tangible. Yéndonos de la libertad y ampliando la idea de “libertad” a la existencia de derechos, la situación megaminera en San Juan, o el gatillo fácil, las torturas en las cárceles, la violencia institucional, la violencia de género y otras violaciones a los derechos humanos, como la pobreza, entre varios flagelos que se viven socialmente, no aparecen como denunciables cuando las que sufren no son parte de la clase dominante o su riñón.

Rara vez se ve a nivel masivo una manifestación (del tipo que fuere) cuando se violan los derechos y libertades de las que no forman parte del compendio de intereses de las clases dominantes (que falsamente son llamadas “mayorías”, o “la gente”). Pero la cosa no es tan fácil, porque si la clase dominante fuera la mayoría, estaría buenísimo, pues al menos tendríamos mucho más claros algunos temas. La clase dominante, impone una determinada idea en otras clases que si bien no tienen el poder para dominar, podrían tener el poder para hacer que las dominantes dejen de serlo, y luego transformarse en clase dominante.

Cuando los crímenes se cometen de forma más palpable para esas que podrían modificar el statu quo, sí hay grandes manifestaciones, porque las afectadas son esas que sí tienen capacidad de movilización. Y con capacidad de movilización me refiero a algo tan simple como esencial: la dignidad, alimentación, educación y tiempo suficientes para poder manifestarse. Si estamos urgidas por dar de comer a nuestras hijas, o conseguir un litro de leche para que no muera nuestra bebé, entonces no tenemos capacidad de movilización.

Fijate en cuánto tiempo se lograron las leyes Blumberg y cuánto llevó el matrimonio igualitario. Para ser claro, no estoy atacando a nadie por ser parte de un sector u otro. El problema aquí no es que se movilicen, el problema es que hay gente que no se puede movilizar y a las que se pueden movilizar, no les importa, total ellas están cubiertas. Te lo llevo a los sueldos: el problema no es que una legisladora gane $40.000 el problema es que las demás personas no ganen $40.000.

Cuando una tiene medianamente resueltas sus necesidades básicas tiende a pensar que la cosa no está tan mal. Por que el sufrimiento no nos pega directamente. Y si bien puede ser un impulso natural, una suerte de resabio de la felicidad cotidiana, dejar de ver los problemas que teníamos porque ya no los vivimos (o porque nunca los vivimos) es una forma de comportamiento egoísta que contradice el objetivo de vivir en sociedad, que es algo que pocas veces nos planteamos, pero que hasta lo ponemos en la constitución: el bien común.

Y, ya que estamos con ejemplos, para lo anterior te pido que te imagines que en una senda peatonal se resbala una anciana y nadie le ayuda a levantarse, todos siguen caminando como si nada. Aunque nadie la haya empujado, quienes pasan de largo sin ayudarle, son cómplices de su padecimiento, que a esa altura no es sólo el golpe, es también la humillación, la minusvaloración y otras cuestiones mucho más dolorosas que una caída (a las que por desgracia, nos acostumbramos).

Cuando hablamos de libertades y su ejercicio en este espacio, no estamos hablando de meros gustos. Sí, lo hacemos desde una perspectiva en ocasiones tachable de moralista, y en otros momentos de forma impactante, pero porque en las sutilezas es más difícil notar las cosas que no nos afectan tangiblemente, las que no nos duelen. Es como deber impuestos. No te duele hasta que te cae la demanda y pagás impuestos más intereses. En medio nunca pensaste que estabas dejando de aportar a la educación, a la salud, al trabajo, o a las calles que usás todos los días o que te benefician de forma indirecta cuando comprás un sachet de leche que recorrió miles de kilómetros o viajás de vacaciones por rutas pagas por ese Estado al que no querés aportar. Ahora, si dejaste de hacer algo buscando generar un efecto (como no aportar para salud pública porque vos tenés para pagarla particular), estamos hablando de otra cosa.

Muchas veces nos tratan de “ultras”. Ayer hasta nos dijeron que damos miedo. Nos alegramos de que así sea. ¿Por qué? Porque nosotras lo hacemos a propósito: usamos software libre aunque nos cueste el doble de esfuerzo, porque no queremos pasar de largo cuando la anciana está tirada en la esquina, queremos parar y darle una mano. Usamos software libre y si descubrimos algo o lo programamos, lo compartimos para que lo usen otras, y cuando ganamos dinero con software libre, donamos parte a quienes desarrollaron ese software. Sí, puede parecerte estúpido que demos plata a algo que ya obtuvimos de forma gratuita. Pero lo gratis no existe, hubo una programadora que dedicó su tiempo para que yo tuviera una herramienta que me es de utilidad y con la que obtengo dinero, lo ético sería compartir algo de ese dinero. La mina que no me cobra, no es ni estúpida, ni millonaria ni filántropa, es una mina que me da la libertad de pagarle o no. Igualmente libre y gratis son cosas distintas.
Siguiendo el ejemplo de la que no paga impuestos para que no haya salud pública, vuelvo a la idea de aquello que “hacemos a propósito”. Está la que desarrolla y difunde software privativo para que dependas de ella, o que desconfían de vos y no publican el código para que no lo copies, y otras cosas. Por oro lado estamos otras que desarrollamos y difundimos software libre, y buscamos que nadie dependa de nadie, y mucho menos de nosotras. Esto no es una batalla entre “buenas” y “malas”, sino entre gente que busca que todas seamos libres y otras que solo buscan ejercer su libertad a costa de la de otras. Vos podés estar de acuerdo con lo que te parezca mejor, en ninguno de los dos casos te va a pasar nada “a vos”, en ambos, es algo que nos va a pasar a todas.

Pero cuando nos planteamos la necesidad de poder ejercer libertades tan poco tangibles -en apariencia- como las del software libre y te invitamos a tener en cuenta cosas que van más allá de lo técnico, te invitamos a empezar a blandear la relación de fuerzas en favor de la mayoría, incluso cuando pueda parecerte indiferente. “Sin clientes no hay trata” es una frase análoga para esto, y no quiero faltarle el respeto a un tema tan serio como la trata de personas, por eso hablo de analogía: si las personas dejan de consumir software privativo, porque es un software que coarta las posibilidades de que alguien pueda saber qué hay detrás de ese software, paulatinamente el software privativo puede llegara desaparecer. Aunque no seas víctima de una red de trata, debería importarte que existan víctimas de estas redes.

“¿Y a mí qué me importa?”
Siempre te podés plantear eso, pero tenés que saber que al ritmo en que todo se va informatizando, son cada vez más las situaciones en las que nos exponemos a que una corporación nos obligue a hacer lo que ellos decidan, incluso sin que lo sepamos.

“¿Por qué tengo que saberlo?”
Para decidir, que es fundamental para ser libre, para que lo hagas a propósito.

El espionaje de la NSA es un gran ejemplo de cómo alguien detrás de bambalinas puede estar -sin problemas- violando nuestros derechos de manera global, simultánea e impune, porque no fueron Google ni Facebook los que filtraron el dato, ¿te diste cuenta de eso? Estas empresas sólo se dedicaron a lavarse las manos.

Aunque te parezca que es algo que no te incluye, el software privativo está ahí, detrás tuyo, violando tus derechos, y no hay juego que valga la dignidad. Claro… podés opinar distinto y tratarme de ultra. Es una libertad, como lo es seguir caminando, total, a la vieja no la tiraste vos, total, a vos no te importa que te espíen, total, a vos no te importa que alguien tome remotamente el dominio de una central atómica total…

Te dejo una frase que dice todo lo que esta nota, pero además, bonito.

“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”
Martin Niemöller

Que tengas buen fin de semana.

¡Happy Hacking!

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Periodista, ex directora de algunos medios, ex docente, ex trabajadora, ex uberante. Productora musical, militante social, murguera, programadora, diseñadora. Hacker. @PabloLozano13

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2 Comments to La libertad y las hipócritas

  1. julio suarez

    Como decía Luca “para vos lo peor es la libertad”. Es algo tan relevante que nadie tiene demasiada autoridad para hablar de ella. Muchos con ideas mesiánicas se pronuncian como si tuvieran idea, pero ninguno me llega. Hoy hay demasiado protagonismo para minorías que son eso y la “gente” estadísticamente es mayoría y democráticamente también, por eso algunas cosas son como son, pero independiente-mete de eso tenemos “libertad” y a diferencia de los animales podemos tomar nuestras propias decisiones a pesar de los condicionantes externos, a veces requiere esfuerzo y valor, elementos que están a la mano de quien quiera.

    • La libertad es para los que hacemos este blog un ejercicio que nos compete a todos y tan compleja que si hay personas que han sido privadas de decidir ya se lesiona la libertad del conjunto. Un concepto tan antiguo que era practicado por las comunidades de Uruk hace miles de años y que se perdió con tanto Imperio y propiedad. Pero aún en medio de tanto mecanismo de control se cuela el compartir y practicar una libertad comunitaria. Hay una historia que te enseñan cuando estudias antropología de un antropologo que le promete una cesta de fruta al que llegue primero a un arból que se erguía a unos 30 metros para observar como competían los niños de esa tribu congoleña, los niños corrieron hacia el árbol y fueron tomandose de las manos llegando todos juntos. El antropólogo les pregunto porque habian hecho eso y le dijeron “unión”. Tan simple como eso.
      El problema es que hemos olvidado eso tan simple en medio de nuestra tecnocivilización. La mayoría como decia Bernard Shaw se equivoca cuando vota un representante y deposita en él las expectativas y sus propias decisiones. El problema es que disfrazamos nuestra descomposición comunitaria bajo la mentira que llamamos sociedad; una mentira que nos enfrenta unos con otros todos los días, ya sea por una camiseta de futbol, un partido político, una clase social y es esta construcción del otro como adversario la que debemos desmontar.

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