Tecnopolítica y biopolítica: Similitudes y contradicciones.

No se puede pensar el software libre, sin también pensar los Bienes Comunes

Hace ya varios años que un grupo de hacktivistas; vinculados con el software libre venimos insistiendo en que no se puede pensar el software libre, sin también pensar los Bienes Comunes.

En España esta corriente Hacktivista ya ha sido asimilada por las organizaciones y tiene una impronta que se refleja el la Fundación de los Comunes donde se congregan varias organizaciones sociales y hacktivistas, para tener políticas comunes sobre la defensa de los llamados “comunes”.

Vamos a empezar de cero:

¿Que son los comunes?

“Los bienes comunes son aquellos elementos naturales o socialmente construidos que tienen la característica de ser colectivos y transgeneracionales. Ejemplos de ellos son: la biodiversidad, el agua, los recursos genéticos agrícolas, los bosques, la energía, el conocimiento y las ideas. En la región de México y Centroamérica, estos bienes comunes se encuentran cada vez en mayor riesgo, por causa de un modelo económico que sistemáticamente los depreda, deteriora y confina. Algunos de los elementos que generan este deterioro son la falta de regulación de las nuevas tecnologías (nanotecnología, biotecnología sintética, geoingeniería), la carencia de sustentabilidad en las políticas económicas o energéticas (megarepresas, minería a cielo abierto), el marco de propiedad intelectual (como los derechos de restricción digital o las patentes en modificaciones genéticas a granos básicos), y la ausencia de criterios de justicia y equidad social”

Teniendo claridad ya sobre qué comprenden los recursos o bienes comunes, podemos continuar con las formas en que se encara su defensa y conservación. La forma más común de defender los comunes es a través de organizaciones generalmente formadas por grupos pequeños casi siempre profesionales de “técnicas” que se presentan como ONG. Este tipo de organización se inscribe en lo que llamo la “biopolítica”.

Michel Foucault

Recordemos el concepto de biopolítica de Foucault (la cita que elegí es adrede ya que también retrotrae y explica mi nota anterior sobre las técnicas del dolor):

“El control de la sociedad sobre los individuos no sólo se efectúa mediante la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista es lo bio-político lo que importa ante todo, lo biológico, lo somático, lo corporal. El cuerpo es una entidad biopolítica, la medicina es una estrategia biopolítica”

Entonces estas organizaciones “no neogubernamentales” se inscriben en esa instrumentación de la política donde la vida es el eje de su política, las formas de relación se efectúan a través del cuerpo (en ese sentido va su discurso); pero manteniendo una fuerte raíz en las estructuras de control del sistema postglobal actual.

A este tipo de organización desde arriba se le está anteponiendo un modelo que huye de las organizaciones cerradas, con jerarquías, personalidades que incluyen el sello de la organización en su curriculum y buscan sólo ser la plataforma para que puedan unirse las distintas organizaciones que luchan por estas problemáticas. Esta forma de militancia libre, abierta y transparente se llama tecnopolítica.

La tecnopolítica entiende que existe la biopolítica y su extensión tecnológica de control por lo que plantea una organización rizomática donde cada nodo comparta sus avances y experiencias para lograr soluciones a corto y mediano plazo. Usa, para lograr esto, las herramientas que libera el software libre y activa la viralización de actividades de resistencia al control desde las asambleas de pares.

Acá las integrantes no hacen carreras políticas sino que participan de una democracia directa que manda las acciones que se emprenderán. Al ser las “dirigentes” pares sin mandato, que sólo actúan como portavoces, se mantiene la estructura de las comunidades. Si bien las hacktivistas han impulsado este tipo de acción política basadas en conceptos que vienen desarrollando los hacklab desde hace ya un tiempo; son sólo un esqueleto descarnado sin la participación de las distintas organizaciones asamblearias. En Argentina es muy difícil que este tipo de organización se instrumente en lo inmediato porque aún tenemos una fuerte estructura biopolítica, con direcciones encaramadas por décadas en ese lugar y una fuerte impronta representativa; nuestras formas de organización política se basan en el simbolismo. En esa otra que nos representa y decide en mi nombre; la completa delegación de mis funciones ciudadanas en una figura simbólica.

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Primero debemos romper con esas estructuras de la conciencia. Tomar en nuestras manos la representatividad de nosotras mismas y ejercerla, romper la transferencia, la delegación de nuestras funciones ciudadanas. Después organizar estructuras rizomáticas que conformen pequeñas comunidades con democracia de pares, que conformen una red y tengan la capacidad de concordar políticas comunes con las otras comunidades.

Entonces la “reunión de organizaciones” -que puede llamarse “Fundación a Congreso” o como quieran- actuará sólo como una plataforma donde se priorizarán formas de expresión totalmente libres, una fuerte impronta de autoformación basada en el acceso, mejoramiento, estudio y distribución del conocimiento; esto basado en desarrollos de investigación que den argumento a cada planteo que realizamos.

Las luchas basadas en la “construcción de la enemiga” no nos sirven por motivos bien claros. Primero son una herramienta creada por el sistema de poder y las viene ejerciendo desde antes de Cristo; segundo pone la defensa de las ideas en un campo minado donde se “es” o “no se es”. La evolución de nuestro desarrollo como comunidad es hacia una sujeto ciudadana, autoformada, con una fuerte distribución de sus conocimientos y de los adquiridos; por lo que nuestras herramientas de lucha dentro de la tecnopolítica som el FORO (Asamblea); la BASE COMUN DE CONOCIMIENTOS (repositorio) y la DISTRIBUCIÓN.

 

 

 

 

 

Hoy ya no basta con decir que el Glifosato contamina: debemos demostrarlo, discutir en las asambleas el daño ocasionado a las comunidades y lograr el resarcimiento del daño. Hoy no basta con denunciar el modelo agrícola extractivo; si después en nuestras comunidades campesinas siembran semillas transgénicas de algodón o tomate, porque se las obsequió el Estado. La defensa de los recursos comunes debe ser radical.

 

Se defiende el acceso a un agua limpia, porque evita las enfermedades. Se defiende la sustentabilidad y la conservación de los ecosistemas porque son reaseguros de la conservación de nuestra vida. Y para todo esto se deben tener bien claros los motivos. El daño de las organizaciones no gubernamentales es hacernos creer que podemos gritar nuestro desacuerdo con las semillas transgénicas y luego sembrar otras igualmente transgénicas solo porque estas últimas las provee el estado.

La tecnopolítica es radical porque usa el código, lo modifica, lo mejora y lo distribuye. En la tecnopolitica el rizoma es lo importante, o sea: se abandona a la representante para tomar nuestra representación por asalto.

Eso se viene propugnando desde un sector del hacktivismo que ha entendido la urgencia de hackear la Matrix (como representación simbólica de la corporación global) y de no poner en las “gurúes” nuestras esperanzas y frustraciones.

Por supuesto que hay una fuerte resistencia de las “gurúes” aún dentro de nuestro propio movimiento, esto necesita de una evolución de las sujetos como protagonistas y de comprensión de las nuevas tecnologías de control.

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Walter

Defensora del software libre y el No a las patentes desde 1995. Usuaria de MUSIX-UTUTO-DRAGORA. Miembro de LUNAR (movimiento de software libre argentino disidente de SOLAR). Haklab Barracas. Creadora del Proyecto Hackuelas. Escritora de Ciencia Ficción y de Historias Sociales. http://galleguindioramirez.es/

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3 Comments to Tecnopolítica y biopolítica: Similitudes y contradicciones.

  1. Creo entender el concepto en general del planteo de la nota. Sin embargo quisiera anotar un par de cuestiones. Por un lado descreo de la democracia directa como modelo social, como utopía final; no porque no sea buena en sí misma, sino porque tiene sus límites, en su propio desarrollo. Dicho de otro modo, mientras más democracia directa exista, mejor, pero en una sociedad con un Estado que la estructura. Por otra parte, comparto la crítica a ese equívoco de las organizaciones que apuntalan un supuesto Estado de Bienestar, porque caen en la contra cara de la trampa liberal, creen que si lo hace el Estado, es bueno.
    La biopolítica expresa algo mucho más crudo de lo que se manifiesta: se mete con nuestros cuerpos, directamente. Interviene, ordena y controla nuestros cuerpos, sin ningún eufemismo. Cuando el Estado decide intervenir en la educación y la salud, sustrayendo esos procesos del mundo de la vida privada y los hace cuestión pública, toma a su cargo la vida de todos nosotros. Se puede ver el lado bueno (salen las comadronas y entran las salas de parto, en los hospitales, la educación pública democratiza el acceso a la educación) y está su lado más mezquino (la educación técnica surge como una necesidad del capital, ya que la gente que venía del campo no tenía las habilidades necesarias para el nuevo modelo signado por la fábrica).
    Así, entiendo la tecno-politica como una de las formas de resistencia (que enuncia el propio Foucault) al biopoder. La vida siempre estuvo en el centro de la reflexión y la acción política, pero antes de la modernidad, el soberano decidía si dejaba vivir o hacía morir a sus súbditos, mientras que el biopoder contemporáneo se ejerce haciendo lo posible para que la gente viva o decidiendo (de un modo u otro) dejarla morir. De modo que si bien soy escéptico de las formas de democracia directa a gran escala, la resistencia es necesaria y es bienvenida esta técnopolítca, hasta donde sea posible. No entiendo una sociedad sin Estado, el asunto es qué Estado…
    Creo, entonces, que todas las resistencias son buenas porque se definen a partir de opciones ético-políticas que promueven nuevas subjetividades, por la cual el sujeto se constituye en relación consigo mismo y con los otros, y no como mero sujeto de derechos (en sentido jurídico).

      • Estimado, acabo de leer los dos artículos, obviamente a nivel de “primera lectura”, de ahi que todo lo que le diga tiene el carácter de muy provisional. Lo primero, y no soy de tirar flores, es que su artículo es mejor que los otros dos. Y es mejor por varias razones, entre ellas porque no es ingenuo. La sola mención de la biopolítica supone un análisis que va más allá de las características de la partidocracia estadounidense, que sitúo el poder bajo otra lupa: las relaciones de poder, las formas en las cuales circula el poder. Y a su vez, el artículo tiene el mérito de que propone algún contenido a la “resistencia” mentada por Foucault. Hay que decir que hasta los más fanáticos devotos del pensador francés, le reprochan que mucho analizó el poder pero poco habló del “contra-poder”. No podemos hablar de estos temas si no tenemos presente el asunto de poder y sin estar atento a lo ideológico, es decir a naturalizar lo que no es más que una construcción. La complejidad de “lo real” y del orden simbólico requiere cierto tacto. Nuestro idioma, en el cual entablamos reflexiones y debates que nacen de intenciones liberadoras, alguna vez fue el lenguaje que impuso a los pueblos originarios el conquistador. Y sin embargo, es el idioma en el que también escribe Dussel y escribió Roig (filósofos mendocinos de talla mundial).
        En síntesis, me ha dado usted muy buenos aportes para mis propias reflexiones, pero considero que usted está en un paso adelante de esos aportes, así que siga por ese camino que nos hace bien a todos, acuerdos más, desacuerdos menos.
        Y me pone contento haberle dado a pensar. En mi oficio -la filosofía- no hay mejor cosa que eso. Las ideas de cada cual, solo están ahí para ser refutadas y reemplazadas por otras mejores. Y eso va y viene. Algunos como MacIntyre, incluso creen que hay que volver -en algunos aspectos éticos- al viejo Aristóteles… Un abrazo.

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