Vivir a propósito

Fechas como la de hoy me golpean fuerte. Soy hija de dos ex presas políticas, José Lozano y Laura Botella, quienes fueron detenidas y desaparecidas el 8 de Diciembre de 1975, al regreso de su viaje de bodas, con la “democracia” del peronismo de Lopez Rega y Martinez de Perón. Ambas pasaron por el D2, el mayor centro de tortura de la provincia de Mendoza. Tengo la suerte (y ellas la tuvieron primero) de que fueron puestas luego a disposición del poder ejecutivo nacional, y ya en dictadura pudieron sobrevivir a la cárcel y hoy viven. Hoy las tengo. Me llamo Pablo en homenaje a Pablo Alberto Marin, detenido y desaparecido el 16 de Noviembre de 1977 en la provincia de Buenos Aires. Continúa desaparecido.

Mis viejas, por suerte, siempre se ocuparon de hacerme comprender, desde chiquita, que habían estado presas por un buen motivo. Siempre tuve consciencia de lo que les había pasado, aunque no crecí escuchando cómo las torturaron, ni cómo las vejaron, ni cuánto sufrieron, sino que se ocuparon de contarme la historia desde otro enfoque: la resistencia. La resistencia a la muerte, al terror, al pánico, a la distancia, al dolor, al oprobio. Me contaron cómo en ese contexto aún se puede sonreír, en el más doloroso y caótico de los contextos, en el lugar en el que se desea morir, vivir como forma de resistencia, “vivir a propósito”. Esta no fue una actitud exclusiva de mis viejas, era una actitud bastante general, aunque con un humor muy particular, que caracteriza, pienso luego de muchos investigando por qué hubo un golpe de estado en nuestro país, a las militantes de los 50, 60 y 70 en nuestro país. Alguna vez se me ocurrió ponerle un nombre a lo más particular que he visto en estas generaciones y se me ocurrió una palabra: Alegría. La alegría de vivir, de luchar para construir un mundo mejor para quienes todavía no existíamos, un mundo mejor en el que cupieran todas las personas. La alegría empuñada como forma de subvertir la realidad. Soy una orgullosa hija de subversivas. Orgullosa hija de mis viejas y orgullosa hija de una generación que sí fue subversiva: quiso cambiar, subvertir el orden establecido. ¡Cuánto orgullo tengo de sus “delitos”!

En las marchas suelo sentirme orgullosa y al mismo tiempo triste al notar cuán duro fue el golpe, cuánto se destruyó, cómo castraron al pueblo, cómo lo encerraron, cómo le amputaron un pedazo. Algunas veces me lloro mientras camino al notar ese agujero que tenemos todas, porque el golpe, el terror y la instauración del sistema es algo que nos pasó a todas. Mis viejas, y las de muchas más, peleaban por un mundo mejor para las que viniéramos luego. La dictadura por lo contrario, y lo impusieron a fuerza de sangre, terror y desapariciones. No ganaron, porque no pueden matarse las ideas. Tampoco hubo un enfrentamiento de bandos, la lucha de las militantes de los 70 no fue contra las militares, fue contra una forma de organización discriminatoria, excluyente, para pocas, sumisa, orquestada desde el poder central y sostenida en nuestro país por un grupo de asesinas, violadoras, torturadoras y ladronas de bebés, en nombre de la patria, y fueron militares y civiles. Como si patria fuera lo que enseñan en West Point.

Hace un tiempo leía un texto bastante interesante, donde planteaban qué habría pasado en el país si durante la dictadura hubiéramos tenido Internet. De una forma muy ingenua el texto planteaba que la gente se habría enterado de las desapariciones y que habría hecho algo. A 38 años de la oficialización del terrorismo de estado, hay todavía mucha gente que se excusa en la desinformación para no sentirse cómplice por haber callado. La verdad, dudo que la gente, al ver llegar a 50 efectivos armados a disparar a sus vecinas para luego secuestrarlas o llevárselas muertas fuera a publicar en su muro de Facebook lo sucedido. Dudo que aquellas que sostuvieron y sostienen la teoría de los dos demonios fueran a denunciar en Twitter o en un blog que encontraron un cadáver en Canota. Es más, creo que de haber existido Facebook en aquel tiempo, tendríamos más desaparecidas y las presas hubieran sido aun más. Sobre el quehacer de los medios, bueno, ya sabemos qué pasó y en favor de quién jugaron (lo siguen haciendo). Cuando veo a quienes miraron para otro lado, creo que se trata de gente que, por terror o por complicidad, decidió callarse. Además permanece callada hasta el día de la fecha, excusándose en que “no sabían”, como si no fueran visibles los operativos, las golpizas, como si no fueran audibles las torturas. Videla hablando de desaparecidos públicamente y había gente que “no sabía” aún después de tan nefasto discurso.

Hoy se cumplen 38 nefastos e injustos años de la oficialización del terrorismo de estado. Han muerto ya muchas madres de plaza de mayo, muchas abuelas, sin saber qué fue de sus hijas ni sus nietas. Han muerto sin lograr llorarlas ni enterrarlas. Han muerto genocidas impunes o indultados. Siempre me planteo que el asunto en cuestión no son sólo las violaciones, torturas y desapariciones, sino qué querían lograr con ellas. Algo de lo que hablamos poco, porque todavía hoy es un tabú decir que un grupo de gente decidió tomar las armas para defenderse de los ataques perpetrados por las fuerzas dominantes, porque muchas puristas entienden comprensible que se linche a un violador pero inaceptable que una vecina se arme para defenderse del ejército que la busca para matarla producto de que piensa que todas debemos ganar similar, que todas tenemos derecho a una vida digna, porque quiere que vos, que la mirás con espanto por armarse para no ser asesinada, vivas en un mundo mejor. Ella dedica su vida para que vos puedas decir que no tiene derecho a hablar.

Desde este espacio, como hija, como compañera, como militante, quiero festejar a todas las militantes, desaparecidas, detenidas, las que tuvieron la suerte de no sufrir en carne propia ni la cárcel ni los tormentos, las que tienen sus familias amputadas y las que las tienen completas. Quiero festejar el coraje y la valentía de las compañeras que están y las que no, las de las causas de aquellos años y las de las que hoy nos tocan a quienes militamos. Hoy es un día de actividad, de militancia, para recordar el horror pero también para comprometerse con el cambio por un mundo en el que quepamos todas. Hoy festejo que, tanto como lo fue ayer, otros mundos son posibles. Simplemente tenemos que comenzar, construyendo en la otra y para la otra, la realidad que queremos para nosotras.

No sólo vamos a hacer justicia por los delitos contra nuestras compañeras, vamos a hacer justicia también por sus luchas, hoy, mañana, y siempre, vamos a seguir peleando por un mundo para todas.

¡¡¡ 30.001 COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DETENIDAS DESAPARECIDAS PRESENTES !!!

¡¡¡ AHORA Y SIEMPRE !!!

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Periodista, ex directora de algunos medios, ex docente, ex trabajadora, ex uberante. Productora musical, militante social, murguera, programadora, diseñadora. Hacker. @PabloLozano13

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