Excelente videojuego mendocino ¡Gratis!

El Arcade no murió. Gracias a “Don Cafre, el juego”, videojuego menduco, podés encarnar al mítico carnicero. Bajalo gratis.

Arcade es un tipo de videojuegos que creo debe haberse popularizado a través de los clásicos “fichines”, al punto de que aquellos armatostes tomaron ese nombre. El universo del videojuego es tan basto como anárquico, por lo que lo anterior una mera especulación, aunque sería lógico que así fuera.

Tal vez no estés familiarizado/a con el término. Cuando hablamos de Arcade nos referimos a esos clásicos juegos, por lo general de acción, donde vemos al personaje de costado (mayormente vemos su lado derecho), en los que los personajes avanzan de izquierda a derecha y deben ir recolectando distintas cosas (como monedas, comida, energía, vidas) que te permiten acumular puntos mientras esquivás o destruís diversos tipos de enemigos. Suelen estar divididos por capítulos que contienen niveles, lo que hace que al final de cada capítulo enfrentes a un adversario muy poderoso. El nivel de dificultad va creciendo a medida que superás niveles, como si cada juego fuera un entrenamiento para el nivel siguiente.

 

En mi vida el Arcade ocupó momentos de alegría, frustración, vértigo y otras sensaciones intensas. Estaba habituado al Family Game, juego que para américa latina fue el principal lugar en el que conocer el arcade más famoso: Mario Bros, pero no dejaba de anhelar consolas más potentes. El Family tenía 8bit, era muy divertido y podía ocupar a toda una familia, algo muy similar al fenómeno Atari. En aquellos días, comenzaron a aparecer en Argentina otras consolas, más potentes, que podían ejecutar juegos con mayores efectos, mejor sonido, muy divertidos y más veloces. Se trataba de un salto cualitativo muy importante, era el paso de los 8 a los 16 bit. Mi vida como gamer no siguió ese rumbo y cuando aparecieron estas consolas yo ya estaba jugando en la PC, donde podía vivir el vértigo incomparable de jugar al Wolfenstein 3D con una placa “sunblaster” (como le decíamos en ese momento), amplificada con un equipo de música, con el tiempo ese combo se completó con un monitor color, uno de los lujos de la época.

 

Nintendo

Entre quienes siguieron en las consolas se formaron internas. Estaba el mundo Nintendo, con su NES y SUPERNES, al que se sumó la versión portátil llamada GameBoy, que tenía por emblema al arcade por excelencia: Mario Bros. La división se daba con el mundo de SEGA y su Megadrive, con la portátil GameGear que tenía un juego que en mi opinión era verdaderamente revolucionario y potente: Sonic, juego al que nunca pude jugar, pues no hubo versiones para PC y no tenía amigos que tuvieran los equipos de SEGA.

 

SEGA Megadrive

Para mí eran todas inalcanzables y, a decir verdad, no quería un aparato que sólo permitiera jugar (hoy me encantaría tener uno, debe ser que me está agarrando el viejazo), pero en esto de la existencia de internas, había tomado una clara (aunque silenciada) postura en favor de Sonic. El tiempo pasó y comenzaron a aparecer máquinas increíbles como el Virtual Boy (un casco de realidad virtual en rojo y negro a 32 bits pero ¡3D!) y más potentes de 32, 64 y 128 bits, hasta las que existen hoy. Ninguna pudo superar al Family Game en lo más importante: la posibilidad de poder tener una.

 

Virtual boy

El Arcade tiene una historia muy vinculada a las máquinas en que se ejecuta y seguramente has jugado o conocido varias. Ni hablar de Mario Bros, pero tal vez te suene Donkey Kong, Another World, Prince of Persia y muchos otros que nos metían en un mundo de extrema diversión. Hoy te voy a contar de un juego que me hizo acordar de todo eso, en este caso para Android. Sostengo, sin mucho fundamento, que los juegos para celulares tienen utilidad en momentos de exceso total de tiempo libre. Son grandes receptores de nuestra ansiedad, pero no son la mejor consola en la que dedicase a jugar.

El juego de hoy es el de un conocido carnicero: Don Cafre, y es uno de los mejores arcade que he jugado en los últimos 10 años. En “Don Cafre, el juego” vamos a tener la increíble posibilidad de encarnar al mismísimo Don Cafre en una gran aventura hasta el Cafremovil.

 

Se trata de un juego divertido, con instancias de acción y el ya clásico toque humorístico del responsable de la mejor carnicería de Mendoza. Como en todo arcade, el juego nos plantea un universo en el que debemos sortear distintos enemigos (como chivos, vacas y gallinas) además de diferentes obstáculos (troncos, cajas de madera) mientras vamos recolectando distintas “golosinas” (chorizos, morcillas, vacío, costillas) que nos darán un determinado puntaje.

Cuando hablamos de puntaje hablamos del objetivo real del juego que es el de equiparar o ganar a Don Cafre. Nuestro rol, como no podía ser de otra manera, es el de pichón, y así aparece anunciado al final de cada nivel donde se muestra el “puntaje pichón” y el “puntaje mostro”. Debo decir que si bien lo he jugado durante varias horas, nunca he logrado alcanzar el puntaje perfecto, por lo que no sé si cuando hablamos del puntaje “mostro” hablamos o no de este tipo de puntaje.

 

Algo para destacar y felicitar a los desarrolladores (CCX Game Studio) es que han logrado sacar los pies del molde respecto de uno de los factores por los que los arcade generan pronto desinterés: la dificultad. “Don Cafre, el Juego” no es un juego fácil, de hecho por momentos es hasta lo contrario. En parte porque los desarrolladores han previsto cierto nivel de dificultad (cosa que insistimos: es un total acierto), aunque creo que hay un costado menos buscado, que es el de cierta dificultad de comprender el funcionamiento de los controles (dos cuchillos de carnicero) puesto que remiten más a cuchillos que a controles en sí, y esto dificulta comprender su funcionamiento, aunque es sólo un detalle.

Aplaudo el nivel de los gráficos del juego, no se trata de un remake “gamer” de Don Cafre, sino que verdaderamente es el Don Cafre que todos conocemos a los saltos entre embutidos y carnes, tiene un movimiento fluido, por momentos más similar al mundo cómic, aunque no llegué a entender la geografía en que se da cada nivel. Es obviamente un campo, pero no se parece para nada a nuestras montañas. De igual manera está muy bien logrado, aunque se torna repetitivo que entre niveles (al menos los que jugué, creo que 3 o 4) no cambie el escenario aparejado al aumento de la dificultad.

 

Respecto de la historia debo señalar que tiene algunos huecos. No sabemos qué es lo que está haciendo Don Cafre ni por qué está tan alejado del Cafremovil. Tal vez se haya roto la bisagra de la puerta trasera y es por esto que debe recolectar sus pertenencias, aunque eso no explica los animales que nos asesinan. Tal vez se trate de una movida orquestada por la mafia vegana, que con furia y saña intenta sabotear el emprendimiento del célebre carnicero menduco y por ello ha desparramado los embutidos y carnes que debemos recolectar mientras sorteamos la enorme cantidad de sicarios de esta organización que intenta acabar con nuestras vidas.

En elucubraciones como la anterior, podría haberse logrado una historia mucho más rica y profunda, sobre todo más bizarra, que puede quedar para una segunda versión del juego que ojalá exista, sugiero, si no toman a mal la idea, hacer un “Don Cafre vs. Paul y Linda Mac Cartney” en donde Don Cafre deba luchar contra estos líderes veganos en alguna de las finales, o tal vez un juego de disparos en primera persona (FPS, por First Person Shoot) al mejor estilo Counter Strike donde exista la posibilidad de hacer algunos asados con los enemigos, matar vacas, gallinas o fabricar chorizos con algún cerdo que pase (que bien podría ser un cerdo capitalista) y otras cuestiones truculentas.

Que las críticas que pongo más arriba no te confundan: Don Cafre es un JUE-GA-ZO, sólo tiene algunos puntos donde podría ser todavía mejor -a gusto de este redactor- y al que podés acceder de forma gratuita desde aquí.

¡Happy Hacking!

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